Aventura en territorio murciélago

Unos niños observan el lago subterráneo de la Cueva del Agua, en el Cabezo Gordo de Torre Pacheco./Guillermo Carrión / AGM
Unos niños observan el lago subterráneo de la Cueva del Agua, en el Cabezo Gordo de Torre Pacheco. / Guillermo Carrión / AGM

Descubran los tesoros del Cabezo Gordo a la luz de las linternas en una excursión entre túneles y simas

Pepa García
PEPA GARCÍA

Antes de que los niños acaben sus vacaciones, la propuesta es una ruta corta pero atractiva para hacer con los más pequeños. Así que, cojan a sus sobrinos, nietos o primos y láncense a la aventura de entrar en contacto con la naturaleza, con los orígenes de la Humanidad, con los procesos geológicos que dieron forma a estas tierras y con el aprovechamiento minero que históricamente se ha realizado de los recursos que Gea aporta al hombre.

La excursión de hoy es al Cabezo Gordo, pero puesto que la idea es ir en compañía de la chiquillería, no les propongo subir a la cima trepando por una de sus aristas para coronarla, sino internarse en algunas de las galerías más seguras de la cara sur y disfrutar de la floración casi primaveral que tiñe de amarillo, morado y blanco toda la ladera.

Deben dejar el coche en el aparcamiento habilitado para las visitas al yacimiento de la Sima de las Palomas, al que se accede, desde la Autovía del Mar Menor, por la salida hacia Dolores de Pacheco (RM-F27) y luego siguiendo las indicaciones de La Sima de las Palomas. De camino, observarán una nube de polvo en torno al Cabezo Gordo, es fruto de la actividad de la cantera de extracción de áridos, que nunca ha dejado de explotarse y de comerse esta singular elevación montañosa, la única pachequera, pese a que desde 1998 está considerada Paisaje Protegido. Ya en el aparcamiento verán señalizados varios senderos y hay instalados numerosos carteles informativos que hablan de los valores de este cabezo: una atalaya ideal desde la que disfrutar de todo el Campo de Cartagena y también del Mar Menor y sus islas, y del Mediterráneo y la Grosa.

No olviden ir pertrechados de linternas, llevar agua y algún tentempié, porque la jornada se puede prolongar tanto como deseen. Del aparcamiento, partan en dirección a la Sima de las Palomas (derecha), siguiendo los indicativos de sendero local (SL, blanca y verde).

En primer lugar pasarán junto al Centro de Interpretación de la Sima de las Palomas, una antigua galería minera, también utilizada por los militares que operaron en la zona, cerrada con una puerta de hierro. En este espacio hubo hace años una exposición que, mediante paneles, explicaba las peculiaridades del único promontorio pachequero y de sus primitivos ocupantes humanos. Hoy, cerrada a cal y canto, solo agudiza la sensación de abandono, puesto que el Museo Paleoantropológico que justificaba su clausura sigue siendo un esqueleto abandonado que se deteriora sin remisión año tras año.

No obstante, junto a la galería conviene hacer una parada para observar el panel que informa de las especies de flora que habitan este entorno: la cornicabra o cornical, que ahora está en plena floración, aunque algunos matorrales ya exhiben sus semillas, una especie de cuernos que le dan su nombre; el espino negro y el esparto; la jarilla, que luce aquí sus delicados pétalos blancos; la viborera, con sus flores moradas; y las varitas de San José, una bulbosa que decora estos campos con sus mejores galas.

También podrán conocer la fauna que habita este paraje, ahora repleto de aves que disfrutan del invierno benigno de estas latitudes: se pueden ver cernícalos, grajillas y palomas, pero también están la lechuza común y el búho real, incluso las perdices. También es territorio de la lagartija colilarga, el lagarto ocelado y reptiles como la culebra ciega. Unos habitantes que, si se sienta con paciencia junto a una roca en la solana, verá cómo salen a tomar el sol. Y, además, podrán conocer los orígenes de esta formación que ha facilitado material de construcción noble como el mármol desde tiempos de los romanos.

Si siguen el sendero, llegarán a una señal que indica la dirección para acceder a la Cueva del Dragón, enciendan las linternas y entren a este túnel artificial en el que la humedad y la oxidación del hierro han dibujado una mancha que se asemeja a este animal fabuloso al que pueden dedicar tiempo a buscar. De vuelta al aire libre, sigan ascendiendo por el camino, junto a la valla de madera, para llegar a la Sima de las Palomas: un importante yacimiento del Paleolítico Medio descubierto en 1991 y que campaña tras campaña va desvelando el remoto pasado humano. Las vistas desde el acceso (cerrado para evitar expolios) son tan amplias que no extraña que los neandertales se instalarán en este punto para dominar el entorno, a sus presas y a sus enemigos, entre los que entonces contaban leopardos, rinocerontes y uros.

De regreso al punto de inicio, a su derecha, hay un pequeño túnel, del que se ve la salida a simple vista, por el que se accede a una zona de escalada equipada y que probablemente, si el tiempo acompaña, esté ocupada por algún grupo de aficionados a la escalada a los que es fascinante observar cómo trepan cual lagartijas por los verticales cortados.

De nuevo en el punto inicial, cojan ahora el camino que va hacia el oeste (dejando el cabezo a su derecha) y, muy cerca de unos algarrobos, verán el acceso a la Cueva del Agua, conocida así porque cuenta con una poza de agua dulce, a la que se llega descendiendo por unas escaleras. Vuelvan a encender sus linternas y caminen con precaución, el túnel, amplio, se bifurca en tres ramales. Cojan el de la derecha y enseguida verán las escaleras que descienden hasta la poza de aguas cristalinas. Un curioso afloramiento que no está claro si surge de los acuíferos sobre los que se asienta el Cabezo Gordo o de las filtraciones de la lluvia.

Esta pequeña cueva en la que algunos atrevidos se lanzan a darse un chapuzón está en el interior de unas enormes galerías, resultado de la explotación minera durante el siglo XIX y principios del XX. Aunque tengan la tentación de explorar estos enormes laberintos subterráneos, no lo hagan. Primero, porque corren peligro de sufrir un accidente (se producen desprendimientos y hay pozos y galerías sin señalizar) y, segundo, porque estos túneles son refugio de importantes colonias de cinco especies de murciélagos protegidas, lo que le ha valido su catalogación como LIC, una de ellas, el ratonero patudo, está en peligro de extinción; y son muy sensibles a las molestias que producimos los humanos.

LA GUÍA

Cómo llegar:
Desde Murcia, tomen la A-30 hacia Cartagena y cojan el desvío hacia la Autovía del Mar Menor (RM-19) hacia San Javier. Deben coger la salida a Dolores de Pacheco (F-27) y seguir las indicaciones de La Sima de las Palomas hasta el aparcamiento, donde está marcado el inicio de ruta.
Recomendaciones:
Lleven calzado adecuado para caminar, linternas (para introducirse en los túneles y galerías) y prismáticos, para observar la amplia panorámica y las aves que sobrevuelan la zona. Galerías y túneles no están habilitados para su visita, con lo que deben tener mucha precaución. El acceso a la Cueva del Dragón y a la Cueva del Agua no tienen peligro, pero si van con niños pequeños llévenlos sujetos de la mano. No molesten a las colonias de murciélagos que las habitan, son especies protegidas y en retroceso. Las laderas están plagadas de bocas de mina y simas, la mayoría cercadas, pero algunas sin protección, así que eviten salir del sendero.