Entre los almadenes del Segura y el Quípar

El Pantano de Alfonso XIII visto desde la cuerda de la Sierra de la Albarda/
El Pantano de Alfonso XIII visto desde la cuerda de la Sierra de la Albarda

Un increíble paseo por la Senda de los Estraperlistas, con ascensión a la cima de la Albarda

Pepa García
PEPA GARCÍA

Entre las agudas crestas y los cortados que rematan las sierras del Molino y de la Albarda, comienza esta ruta conocida como Senda de los Estraperlistas. Por territorio calasparreño y pegado al curso del Segura, discurre este itinerario que, en tiempos de posguerra y racionamiento, vecinos de Calasparra y Cieza utilizaban para pasar productos de contrabando de un municipio a otro.

La caminata, que se inicia en el aparcamiento del Abrigo de los Pozos, discurre paralela al tramo menos abrupto de los Almadenes del Segura y luego quiebra su marcha, hacia el sur, para seguir en paralelo al río Quípar y sus también espectaculares Almadenes, hasta coger la cuerda de la sierra de la Albarda y regresar, por todo lo alto, al barranco que nace en el collado que la separa de la del Molino y descender hasta el punto de inicio.

Con un trayecto de unos 8 kilómetros y un desnivel acumulado de unos 400 metros, la única parte un poco más exigente es la que lleva hasta la abrupta cumbre de la sierra de la Albarda, que puede evitarse regresando por el camino por el que se llegó, una vez se acerquen a admirar los menos conocidos Almadenes del Quípar. Sin embargo, las vistas que ofrece esta sierra de poco más de 500 metros de altitud son tan impresionantes que compensa con creces el esfuerzo.

Dispuestos a hacer el recorrido íntegro, carguen con agua, tentempié, calzado para caminar por la montaña y evitar resbalones, prismáticos para admirar las vistas, las aves y la fauna del río (si tienen suerte), y abrigo -buena parte del paseo discurre por la umbría y, en estos días fríos, el hielo persiste hasta bien entrada la tarde-.

Sobre la pista de tierra que conduce a los Abrigos del Pozo -coincide con el GR-127 que transita desde el Embalse del Cenajo hasta Orihuela, pegado al curso del Segura-, llegarán hasta la pasarela por la que se accede a este yacimiento epipaleolítico que conserva pinturas rupestres y que puede visitarse con cita previa a través de la Oficina de Turismo. Un poco más adelante, a unos 800 metros desde que comenzaron a andar, deben coger un camino (hay un mojón de piedras) que sale a la derecha en dirección ascendente y que se transforma en sendero para salvar hasta tres ramblizos. Con el suelo y la vegetación perlada por el hielo de la fría noche invernal, se internan entre lentiscos, romeros, tomillos, retamas, pinos, bulbosas que ahora están brotando, coscojas y, sobre todo, esparto. No en vano son tierras que aportaron esta materia prima a la potente industria que se desarrolló en Cieza hasta el siglo pasado.

La guía

Cómo llegar
Cojan la A-30 en dirección a Albacete y tomen la salida 91 (Jumilla / Calasparra / Caravaca). Sigan las indicaciones de Calasparra y tomen la RM-714. A unos 22 km., tras salvar el Segura, deben girar hacia la izquierda para entrar en Calasparra. Y, justo en la curva inicial, tras los quitamiedos, coger a la izquierda una carretera que les conduce a la Carretera o Camino del Esparragal, que les lleva, por asfalto, hasta el aparcamiento del Abrigo de los Pozos, donde pueden aparcar.
Recomendaciones
La ruta es de unos 8 km. y unos 400 m. de desnivel acumulado. La primera mitad del sendero está señalizado con mojones de piedra y marcas del GR-127 algo desvaídas. A partir de los Almadenes del Quípar, deben buscar la cuerda de la sierra de la Albarda para ascenderla o, si no tienen mucha experiencia, regresar por donde llegaron. Lleven calzado de montaña, agua, almuerzo, prismáticos y cámara. Para visitar el yacimiento de los Abrigos del Pozo y ver las pinturas rupestres, pónganse en contacto antes con la Oficina de Turismo de Calasparra (968 745 325).
Dónde tapear
Bar Mejorano Crillas. C/ Lavador, 43. Calasparra. Cierra los lunes. En verano abre todos los días. No tiene menú, pero la variedad de tapas es increíble. Prueben las que sirven sobre corteza de cerdo.

En la espléndida mañana soleada, se agradece que el antiguo camino vaya al sol que templa y permite disfrutar del alegre gorjeo de los pájaros, incluso, si están atentos, sentirán el potente martilleo del pájaro carpintero sobre el tronco de pinos y árboles de ribera, que ahora otoñan.

Superado el tercer ramblizo, asómense al Cañón de Almadenes (desplazándose hacia la izquierda o norte) y admiren de lejos los vertiginosos cortados en los que se encajona el Segura, y la enorme pared de la Sierra de la Palera, por la que el Quípar ha excavado su curso para desembocar en el Segura. Asciendan por el sendero para vadear este cuarto barranco, más pronunciado que los anteriores, y, siguiéndolo, desembocarán por una 'escalera' de roca que les sirve en bandeja el otoñal bosque de galería, el curso del Segura y los numerosos abrigos de uso preshistórico. Si van con tiempo, cojan bocadillo, manta y prismáticos, y siéntense en silencio a observar la fauna, con suerte verán a la nutria surcar las aguas y, seguro, una nutrida variedad de aves. El suelo, alfombrado de musgo, aporta aún más magia a esta increíble ruta.

Después, tierra adentro otra vez, pasarán junto a una antigua choza, realizada con esparto y que servía de refugio nocturno a los recolectores de esta versátil fibra vegetal. Pasen por delante de ella y continúen por el sendero, que les llevará hasta donde el Quípar se une al Segura. Ahí hagan otra parada para observar estos desconocidos Almadenes y valoren si regresar por el mismo camino o aventurarse a hacer cima en la sierra de la Albarda. Les resta un poco más de la mitad de la ruta, pero el sendero en este tramo se pierde bastante.

Ya en la cuerda de la Albarda, abran bien los ojos y asómense a la vertiente sur, por donde se observa el Pantano de Alfonso XIII, con su presa y sus islas pobladas de árboles. Lo seguirán viendo según ascienden por la cresta, que ofrece un amplio horizonte que se extiende hasta las cumbres de Sierra Espuña. En este tramo se ven restos de los pinos quemados en el incendio de 2010 que, en muchos casos, han sido cortados pero no retirados por lo inaccesible del paraje. Antes de llegar a la cresta más elevada, deben cruzarla para vadearla por la ladera sur y, luego, subir de nuevo a la cuerda y continuar por ella disfrutando del imponente perfil de la Sierra del Molino (a su frente), pero también de la llanura que precede (hacia el norte) a las sierras del Puerto y la Cabeza del Asno.

Ya solo les queda llegar al collado que separa las sierras de la Albarda y del Molino y coger el sendero que desciende, por la margen izquierda del barranco y bien marcado, hasta el camino inicial después de haber disfrutado de una fantástica mañana en un paraje de gran belleza.

Antes de marcharse de Calasparra, vayan al centro urbano y tapeen un poco por sus bares, la mayoría en torno a la plaza Corredera.