Frescura murciana

Los responsables de Perro Limón, en el nuevo restaurante murciano. / alfonso durán / agm
Los responsables de Perro Limón, en el nuevo restaurante murciano. / alfonso durán / agm

Perro Limón abre sus puertas con una carta corta y fresca de platos internacionales versionados por María Crespo y Miguel Ángel Albaladejo

SERGIO GALLEGO

La pareja de cocineros María Crespo y Miguel Ángel Albaladejo (ex de Cabaña Buenavista y La Palera, entre otros) ha levantado la persiana del restaurante Perro Limón en pleno centro de San Andrés con una carta corta pero fresca, informal, de inspiración internacional y bastante pensada para compartir. Con apenas cuatro días de vida -y dos semanas dando servicios a puerta cerrada-, uno puede intuir que, si la arriesgada ubicación lo respeta, podemos incluir a este nuevo local gastronómico como uno más en el circuito para muchos años.

Mesas sin mantel, servilletas de tela, sillas confortables, cambios de platos -no de cubiertos- en cada propuesta y un equipo de camareros ágiles, atentos y en bastante sintonía con la propuesta de cocina. Eso sí, aún faltan algunas referencias de vinos de la Región por llegar al local y hacer unos más que lógicos ajustes en los precios de algunos platos para que el tique medio se reduzca un poco.

Perro Limón

Dónde:
C/ Navarra.
Tlf:
722 651 057.
Horario:
Cierra domingos y lunes todo el día.
Precio:
Unos 50 euros.

La carta, como digo, es corta. Bocados del mundo -entrantes-, algo más serio -platos principales- y un buen recuerdo -postres- reúnen un total de diecisiete elaboraciones entre el maravilloso mundo dulce y salado, donde encontramos croqueta de pesto, churro de bacalao, steak de solomillo, codillo glaseado, pad thai o natillas japonesas, entre otros, que muestran los años de experiencia de la pareja, sus viajes y su forma de entender la cocina.

Yo empiezo por una ostra gigante aliñada con un poco de Jerez y de azúcar mascabado francamente deliciosa. De buen nivel encuentro unos dumpling de shiitake acompañados de un jugo de caldo dashi y bacon, y un kubak de cocochas de bacalao con huevo a baja temperatura, patatas y arroz seco inflado con unos brotes de guisantes poco presentes en la boca. Más flojo, sin embargo, me resulta un suflé de queso con tartar de salmón y sus propias huevas por presentar una textura demasiado compacta para mi gusto.

El salmonete viene con una cama de tartar de calamar y unas lascas de cecina a modo de sazón, unos puntitos de yema curada y otros de mostaza aportando color, melosidad y unos ligeros matices ácidos de sabor, respectivamente. Un cuenco de canónigos y rúcula acompañan al plato. El pescado está perfecto de punto, pero el emplatado da lugar a cargar la carne del salmonete junto al tartar y el resultado queda un tanto disperso y recargado. Además, un solo filete a 26 euros parece un poco alto de precio.

La pizza tailandesa con queso trufado, siracha, rúcula y carne se queda pequeña por lo sabrosa que está. El tamaño no es muy grande, más propia de los entrantes para dos que como plato único. Quizás lo mismo que le pasa a la versión que hacen Crespo y Albaladejo del pastel de carne, con Ras el hanout, garam masala -ambas una mezcla de especias- y una carne de cordero deliciosa, además de unos toques de una crema de berenjena a la llama que redondean el plato. También viene acompañado de una ensalada a base de canónigos, berros y rabanitos para limpiar y quizás su ubicación es más de un entrante que de un plato único por ser bastante desenfadado.

Pero si el mundo salado de Perro Limón arranca con un nivel alto, los postres elevan un escalón los resultados. Tremendas las natillas japonesas con té matcha y pequeñas rocas de chocolate crujiente; fresca y actual la versión de la pavlova; y contundente el cinnamon roll -bizcocho borracho con moscatel y canela-. No os perdáis ninguno.