Empanada y arroz con leche

Interior del establecimiento de la plaza de Hernández Amores. /Javier Carrión / AGM
Interior del establecimiento de la plaza de Hernández Amores. / Javier Carrión / AGM

Sabor del Cantábrico lleva dos meses ofreciendo una leve aproximación a los productos del norte en un espacio muy agradable

SERGIO GALLEGOMurcia

Sabor del Cantábrico es uno de los espacios más bonitos del centro de Murcia para tomar una cerveza con cualquier cosa que la acompañe, un café bien temprano o, a esas horas tontas de la tarde, después de comer, que uno no sabe si tomarse un poleo de menta o una copita de 1866 con medio mantecado. Una buena barra, un banco pegado a la pared con cómodos almohadones, mesas de madera y pies de hierro, un par de mesas altas y dos ventanales con vistas a la plaza de la Cruz de la Catedral ideales para ver pasar gente, palomas y niños jugando. La oferta que recoge la carta es variada y dividida en anchoas 'sobadas a mano', salazones, ahumados y marinados, elaboraciones al horno, de la tierra, de los montes pasiegos, y pescados del Cantábrico. Además, un menú del día por 9,90 euros en donde puedes elegir varios primeros, varios segundos y postres.

La segunda impresión, la primera es la del local y es muy buena, es que este espacio se ha montado de la misma forma en otras partes de España. Que si no es una franquicia, es una cadena de restaurantes del mismo propietario. Y lo digo por el hecho de que describe la marinera como «rosca con ensaladilla y anchoa». Quien con buen criterio haya querido meter el plato murciano en la carta, debería de haber cogido un par de noches más de hotel en la capital. Y centrándonos en lo importante, ni las anchoas son las mejores que os vais a comer en Murcia, ni el servicio va a paliar los pequeños resbalones que puedan salir de la cocina, ya que, aunque servicial y educado, al camarero le falta conocer mejor la procedencia de los ingredientes de la carta, por ejemplo.

Las anchoas las sirven en tostadas de pan de cristal con salmorejo y aguacate, con tomate, salmón ahumado, pimientos asados y queso fresco o queso picón y un toque de limón. Los pimientos asados son en conserva y de una calidad mejorable, lo que hace que la tostada pierda su gracia. El de salmorejo y aguacate es, de los que están disponibles, quizá el que mejor resultado da.

Crujiente de hojaldre

El solomillo de atún en aceite llega a mi mesa después de ser recomendado por el camarero y con más tiras de pimiento en conserva como acompañamiento. Un plato generoso y, a mi entender, a medio elaborar, ya que el atún solo con los pimientos queda demasiado seco. Mucho más acertada encuentro la empanadilla gallega, con una masa crujiente de hojaldre de gran calidad y, lo más importante, un relleno de atún abundante y contundente. Muy rica.

La minihamburguesa de vaca rubia también deberían de darle una vuelta. El queso sin fundir, el pan seco y las patatas de acompañamiento al horno -no fritas-, quemadas.

Más correcto encuentro el cogote de merluza con berberechos, salsa verde y crema de patatas. Los tres elementos que componen el plato están bien cocinados, a pesar de no encontrar ni un berberecho en el plato hondo de la generosa ración. Buena crema de patatas y buen punto del pescado, aunque en el norte, cuando alguien pide cocote espera que llegue con la cabeza -el mejor bocado del mar- para poder repelarla a su gusto. En este caso, el plato es ideal para los que no soportan las espinas, ya que está perfectamente desespinado.

La mayoría de postres de la carta no son hechos en casa, excepto el arroz con leche, el cual luce una parte de la superficie caramelizada con soplete al momento. De hecho, la cremosidad del dulce es de las mejores que he comido por la zona sin duda alguna. Un café y un arroz con leche, sin duda. Una cerveza y una empanada, por supuesto.

 

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