Un domingo cualquiera

SERGIO GALLEGO

La bola de humo que el huracán Velandrino formó en el escenario principal de Murcia Gastronómica estuvo marcada de espontaneidad, buen rollo y energía hasta tal punto que los invitados especiales a las ponencias, de fuera de la Región, levantaban las cejas en evidente admiración ante tal despliegue de recursos y valentía culinaria. Y es que Velandrino, como ya hemos comentado en otras ocasiones, puede gustar más o menos, pero nadie puede negar que lo pone todo encima de la mesa, cada día, en cada plato y en todo momento.

En la jornada de ayer pudimos ver a Fran Martínez –Maralba, Almansa– y Rafa Soler –Audrey's, Calpe– y a un tímido Pablo Sánchez –Los Marinos José, Fuengirola– como invitados especiales del Congreso que este año, además de poner en valor el talento murciano, de traer a referentes internacionales como Ricardo Sanz –Kabuki–, Paco Pérez –Miramar– o Didier Fertilati –Fuego Amigo–, ponía el foco en las jóvenes promesas que, con menos de 30 años, quieren hacerse un hueco entre los actores principales de este mundillo del fuego y el carbón como Sebastián López –Drama–, Marco Antonio y María Egea –Frases– o Salvador Fernández –El Borrego–. Pero, antes de todo esto, en el concurso nacional de corte de jamón, los murcianos se hacían con tres de los cinco premios otorgados por la organización, dejando claro que en ese sentido Murcia está a la altura de cualquiera de las comunidades autónomas que se presten. Que no es poco.

Un domingo cualquiera en Murcia Gastronómica tiene este sabor de olores y detalles técnicos de distintas partes del panorama nacional, pero con Murcia en la primera fila del escaparate. Y esto, que ahora vemos normal, no lo es. O por lo menos, no lo era.