'Dolor y gloria': Almodóvar hablando de Pedro (o viceversa)

Antonio Banderas, un director de cine que se recuerda de niño junto a sus padres.

PEDRO MARTÍNEZ

Si os sentís marginados por ser de los pocos españoles a los que no les han ofrecido estar en alguna lista electoral, tengo unos cuantos estrenos para consolarnos y olvidarnos de que no somos nadie.

'Dolor y gloria' es la nueva obra de Pedro Almodóvar. Un Almodóvar maduro, alejado ya de la astracanda, abandonando los argumentos esperpénticos y moderando las dosis del melodrama shirkiano (debe tanto a Douglas Shirk).

En la que dicen es su película más autobiográfica, nos cuenta la crisis creativa y personal en la que se sumerge un director de cine de éxito, trasunto evidente de Almodóvar, encarnado con acierto por Antonio Banderas. Los saltos en el tiempo (puro 'Cuéntame') y la referencia a la madre, sello de este director, son constantes, igual que un reparto de primer nivel con Julieta Serrano, Leonardo Sbaraglia, Asier Etxandia, Cecilia Roth y la, por una vez, estupenda Penélope Cruz, que está sublime cuando se transforma en Sofía Loren modo matriarcal.

La película se desliza entre un Fellini sin Mastroianni, y la onírica evocación autorreferencial del mundo almodovariano. Una obra fiel a sí mismo, no sólo por seguir sin hacer tráiler atractivos, sino por seguir siendo capaz de crear algunas de las imágenes más potentes del cine español.

Un director con grandes aciertos y derrapes solemnes, que en esta ocasión espero que siga la estela de la mejor de sus películas para mi gusto, 'Julieta'. Mi admirado y vitriólico crítico cinematográfico Carlos Boyero, enemigo más íntimo del manchego, estará afilando el teclado para darle una estocada mortal.

Ahora viene una de terror. ¿Os gustó 'Déjame salir' (2017)? Pues os gustará esta cinta que explora los miedos más atávicos de los humanos, el miedo a nosotros mismos.

'Nosotros' va un poco de eso, aunque no os asustéis, no es nada psicológico. Es simplemente que una familia americana normal vuelve a su hogar de vacaciones y se encuentra allí con otra prácticamente clónica. Pero en vez de denunciarlos por okupas, se desencadena una cascada de sangre y gritos. Lupita Nyong`o, la protagonista, es un ejemplo más de la maldición de ganar un Oscar, condenada a vagar por películas menores, aunque está ha cosechado buenas críticas y buena taquilla. Los vendedores de tijeras estarán contentos (no puedo contar más).

Los más viejos del lugar, entre los que me cuento, recordarán el asalto a la residencia del embajador de Japón en Perú, que protagonizó un grupo guerrillero en plena dictadura de Fujimori. Una avispada escritora lo convirtió en best seller añadiendo a una hermosa cantante de ópera, aquí interpretada por la excelente Julianne Moore, y poniéndole por título 'Bel canto. La última función'. La película narra ese secuestro de grandes personalidades, la relación entre terroristas y rehenes, usando la música como palanca para que la narración avance. A mí me parece la versión de 'El ángel exterminador' (1962) que rodaría Jaume Collet-Serra.

'Peret, yo soy la rumba' (con el permiso del Pescaílla debería decir el titulo), es una película documental sobre este desaparecido cantante del que todos sabemos tararear alguna canción (no os mintáis a vosotros mismos ¿o tengo que invocar al «borriquito como tú», el «y no estaba muerto» o a la lágrima que cayó en la arena? Todos tenemos placeres culpables). Un documental hecho desde la admiración y el respeto que reto a ver sin acabar siguiendo el ritmo con los pies.

Finaliza ya esta semana con dos domingos que espero hayáis aprovechado, esperemos que los próximos siete días sean aún mejores. Que tengáis una semana de cine.

Títulos de crédito

El día del padre es la excusa perfecta para poder hablar de esas figuras poliédricas, (que se lo digan a Luke Skiwalker) que están presentes en el cine.

Entre los héroes, el padre que todo hijo hubiera querido ser y el adulto que todo niño hubiera querido llegar a ser, el Atticus de la obra maestra 'Matar a un ruiseñor' (1962). También el comprensivo padre que todo gay ansía, el de 'Llámame por tu nombre' (2017). O el idealista interpretado por Federico Luppi en la nunca suficientemente reivindicada 'Un lugar en el mundo' (1992). En este lado de la balanza también hay otros progenitores que ganan el afecto de sus hijos y del público desde detrás del muro emocional que los contiene, como el de 'En el nombre del padre' (1993) o el de 'Billy Elliot' (2000).

Y si nos pasamos al lado oscuro, tenemos a un pésimo ser humano siendo un enorme padre en 'Camino a la perdición' (2002), una de las diez mejores películas de la década pasada. O a un endeble moral capaz de abandonar a su familia en una avalancha, en la dura comedia 'Fuerza mayor' (2014). Y no quiero acabar sin nombrar a dos monstruosos padres, uno terrible en su locura, el de 'El resplandor' (1980), y otro terriblemente normal pero mucho más temible por eso mismo, el enorme e incestuoso John Huston de 'Chinatown' (1974). Me encanta poneros deberes.

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