Contundente creatividad

El cocinero José Cremades, junto a la barra del restaurante La Palera./Antonio Gil / AGM
El cocinero José Cremades, junto a la barra del restaurante La Palera. / Antonio Gil / AGM

La Palera abre sus puertas en Cabo de Palos con el cocinero José Cremades al frente y una carta internacional y creativa

SERGIO GALLEGO

José Cremades, cocinero de Cabaña Buenavista, ha abierto el restaurante La Palera en Cabo de Palos, el segundo proyecto gastronómico que desarrolla en solitario y que compagina como puede con sus tareas de cocina en la única estrella Michelin de la Región. Si los meses de verano de los últimos años los dedicaba al chiringuito La Cangreja, su primera puesta de largo -en realidad de corto, por la cercanía con la playa-, ahora vuelve a dar un paso más levantando la persiana de un local más serio, con más potencial, que estará abierto nueve meses al año y en el que predomina un trato informal y una cocina de carácter internacional y muy creativa que rebosa frescura por los cuatro costados.

La Palera se sitúa en lo que hasta la fecha había sido El Cañonero, que ha sufrido una remodelación en su interior que deja más a la vista la cocina, pero que en esencia mantiene una terraza muy cotizada para disfrutar del fresco 'cabopalero'.

La primera impresión que uno se lleva antes incluso de terminar de comer es que la élite de cocineros creativos murcianos tiene un nuevo miembro en sus filas y se apellida Cremades. Evidentemente, el cocinero lleva años de profesión a las espaldas como para no ser un aspirante a nada, pero el hecho de haber estado en segunda línea de fuego lo ha mantenido en el anonimato hasta que ha plantado La Palera.

Las mesas de madera lucen desnudas con un pequeño cactus en el centro para un acercamiento mayor con los clientes. La carta de vinos, confeccionada por Joan Belda, también empleado del restaurante Cabaña Buenavista, toca casi todos los palos que nos pueden apetecer, pero desde esa vocación formativa que emana del sumiller para que el comensal disfrute y conozca probando algo distinto a lo que suele estar acostumbrado.

Pero lo que realmente es distinta es la propuesta gastronómica. La carta es corta. Unos veinte platos incluidos los dos postres. El diseño simula un pasaporte español, en alusión a la internacionalización de platos como tuétano con lengua ahumada, ramen -sopa de fideos japonesa-, taco mexicano de gambas al ajillo o una causa limeña. No hay entrantes, primeros y segundos, en La Palera cualquier plato puede ir a cualquier momento, aunque es recomendable empezar por los mejillones en escabeche, por aquello de remover bien los jugos gástricos con la acidez que proporcionan.

Para hacer frente a las ostras a la brasa hay que ser muy de ostras. La tibieza para los meses de verano en los mariscos no proporciona ese sabor a mar y frescura al que estamos acostumbrados y que esperamos en el bocado. Elegantes los dumpling -empanadillas pequeñas cocidas al vapor y pasadas por la plancha- de pato pequinés, y el sam -rollito de lechuga rellena- de pato. Delicioso el wanton con guacamole y morcilla de Burgos y brotes verdes, y explosiva la brandada de bacalao en tempura con algas.

Imprescindibles resultan el tuétano con lengua de ternera ahumada y katsuobusi -finas láminas de bonito seco-, la versión del fish and chips del local, donde presentan unos filetes de mújol aliñado con un sofrito del caldero del restaurante El Mosqui con crema de ñoras y miso, la caballa a la brasa con pico de gallo y puré de nabo daikon y el taco de camarones al ajillo. Aunque tampoco dejaría pasar las cocochas con ajo negro o la carrillera de atún, seguramente en una segunda visita. Con cierto recorrido de mejora encuentro el huevo trufado, las chapinas y el ramen, que cae en el error de llevarlo a la máxima potencia con ingredientes muy potentes como si fuese un plato único, además de introducir algunos tropezones molestos.

De postre, pauvlova, sin duda alguna. Da igual como llegues de hambre, te la comes entera. En definitiva, estamos de enhorabuena, aire fresco en Cabo de Palos y un nuevo cocinero en la Región con la cabeza llena de ideas.

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