Contundencia huertana

María del Mar Díaz, Antonio Díaz y Manuel Díaz, tres generaciones del Molinero. /vicente vicéns
María del Mar Díaz, Antonio Díaz y Manuel Díaz, tres generaciones del Molinero. / vicente vicéns

El Molinero, en plena huerta de La Albatalía, dispone de arroces y carnes hechas al fuego, de un guiso diario y de multitud de tapas en un entorno rural

SERGIO GALLEGO

El pulpo al horno, a la murciana, ha hecho que haga más kilómetros en coche en los últimos años que las fiestas de cumpleaños de los amiguicos de mi hija. Allí donde me dicen que el pulpo lo hacen bueno, allí que me planto. Es el caso de El Molinero, un restaurante en plena huerta de La Albatalía con varias décadas ofreciendo comida a sus clientes y donde además de hacer un pulpo estupendo, los arroces y la carne a la lumbre y los platos de cuchara bien merecen una visita.

El Molinero

Dónde:
C/ Alcalde García, 4. La Albatalía (Murcia).
Tlf.
968 297 148.
Horario:
Cierra domingos noche.
Precio:
Plato del día, 4 euros. Unos 25 a la carta.

El local tiene un buen aparcamiento, una terraza amplia, dos mesas en la zona de la barra con un televisor de 50 pulgadas y dos comedores diferenciados. Uno, para dar servicio diario, y el otro, más extenso y siempre preparado para abrir sus puertas los fines de semana. El servicio de camareros es de los que a poco que has ido tres veces ya te llaman por tu nombre y la carta de vinos, posiblemente más amplia de la que necesitan a tenor de lo que los clientes buscan allí, pero floja de referencias.

En las cantidades son muy generosos y es fácil que se te vaya la mano pidiendo y que te sobre la mitad de la comanda o que vuelvas a casa sin ganas de cenar.

Yo empiezo con una croqueta de pollo muy basta. Con exceso de pollo y con unas medidas de harina y leche poco proporcionadas en pos de buscar la untuosidad y cremosidad que se espera. Pero rica de sabor.

De más calidad encuentro el caballito. El rebozado resulta muy crujiente y agradable y la gamba correcta, como en el noventa y nueve por ciento de los casos en los que encontramos gambas rebozadas. Desde luego, el entrante que no deberíais dejar pasar es el pulpo. Lo encuentro con ciertos matices de reducción de los aliños incorporados antes de meter al bicho al horno, pero sin que la reducción sea predominante. Tierno, pero no baboso. Jugoso y, desde luego, de buen calibre. También hay tomate con tallos, bonito, calamar a la plancha, sepia con salsa verde, patatas al montón y embutidos.

Pruebo la olla de cerdo que hacen todos los martes y el arroz y costillejas de los miércoles. El primero viene con oreja de cerdo, morcilla y hojas de cardo que le dan un sabor estupendo, aunque el punto del arroz está más que pasado. El segundo se hace a la lumbre y, aunque se elabora para ofrecer bastantes raciones, la textura y el sabor es más que correcto.

Una cazuela de ternera en salsa de sabor contundente y unas excelentes patatas al ajo cabañil sin rastro de aceite acompañan secreto de chato murciano y pollo a la brasa. La carne llega a la mesa razonablemente pasada, con algunas partes más ennegrecidas de lo deseado, pero no hasta el punto de retirar el plato. Las costillas de cordero, sin embargo, absolutamente deliciosas. En su punto, jugosas y de un sabor extraordinario.

Termino con un tocino de cielo cremoso y suave como la seda, sin rastro de sabor a yema de huevo, que es lo que se pretende.

El local tiene una buena cantidad de croquetas que no se hacen en casa, montaditos, platos de la huerta como el pisto, zarangollo o michirones, platos por encargo como arroces, cochinillo asado o asado de cordero y algunos pescados para quienes repiten más de una vez. En definitiva, contundencia y generosidad en el centro de la huerta.