El chef del puerto

Vista del comedor y de la terraza del restaurante del Auditorio El Batel, en Cartagena. /José María Rodríguez / AGM
Vista del comedor y de la terraza del restaurante del Auditorio El Batel, en Cartagena. / José María Rodríguez / AGM

Eszencia de Pablo Martínez mantiene algunos platos de uno de los cocineros más creativos de Cartagena con unas magníficas vistas al puerto

SERGIO GALLEGO

La trayectoria del cocinero y propietario del restaurante Eszencia de Cartagena, Pablo Martínez, está repleta de éxitos gastronómicos y de proyectos empresariales. Martínez, sin duda uno de los cocineros más creativos e innovadores de la ciudad portuaria en su primera etapa como jefe de cocina, ha demostrado ser un alma inquieta, emprendedora y valiente y lleva abriendo nuevos locales desde hace unos años, lo que sin duda ha hecho que algunas de sus creaciones más notables, así como el nivel medio de Eszencia, hasta la fecha su centro neurálgico, se hayan visto resentidos en los últimos años.

Aun así, el restaurante situado en El Batel es uno de los más recomendables de la ciudad, aunque, sinceramente y viendo la trayectoria de Martínez, uno no puede más que mirar con cierta pesadumbre que el cocinero tenga cien frentes abiertos en vez de un par de proyectos, que le dejasen cocinar con cierta tranquilidad y soltura para poder disfrutar de su cocina al máximo nivel. Pero así es esto.

El menú degustación gastronómico ha desaparecido de la oferta. Aunque los platos siguen teniendo la firma de Martínez, la carta y los menús se han adaptado a un 'ejecutivo' -19,80 euros- y a uno de tapas pensado para dar servicio en la zona de bar y en la espectacular terraza con vistas al puerto.

En la comida pruebo varios platos del menú que el cocinero denomina 'A ciegas', que es, básicamente, fiarte de lo que quieran sacarte de la cocina. Yo comienzo con un buen aceite de oliva acompañado de un pan a la altura, de varias harinas y colores, presentado en una especie de urna de cristal servida al centro. Como primer entrante, salchicha seca con almendras, pero con el embutido relleno de pepitas de chocolate con pimienta que, sin ser mejor que la original, es una forma diferente de comer salchicha.

La versión de Martínez del conocido pan bao relleno es rellenándolo de una pelota de cocido y un poquito de mahonesa con huevas de tobico. La masa no ha sufrido una doble fermentación, por lo que queda un poco basto el bocado. Más acertado, equilibrado y fresco resultan unas barquitas de lechuga rellenas de ventresca con pimiento caramelizado, mahonesa y 'sferificaciones' de fruta con un toque dulce. Tan delicioso como sencillo recibo el tomate con bonito de baja curación con gelatina del propio bonito. Quizás agradecería el tomate pelado, pero sin duda es un buen plato.

Mejorable, sin embargo, encuentro el cangrejo del Mar Menor -especie invasora- con una cantidad excesiva de mahonesa a la par que reiterativa en las distintas secuencias del menú. Viene acompañado de unos estupendos langostinos del Mar Menor simplemente cocidos y refrescados.

El solomillo de conejo con su ajillo en textura cremosa y elástica y el boquerón con requesón de almendras pueden ser un buen ejemplo del estado del restaurante en estos momentos; buenos platos, bien intencionados, que quizá podrían ser excelentes a poco que Pablo se parase quince minutos a redondearlos.

Sin duda, de más nivel encuentro una crema de carabineros servida en el interior de un coco fresco con crujientes de alcachofa, camarones y langostinos crudos, y una carrillera con morro y foie acompañada de crema de patata, alioli de remolacha y chipirón crujiente. Para terminar, un helado de garrofa con chocolate blanco y pipas de calabaza caramelizadas y versión mini de la pauvlova con queso cremoso. Buen servicio y vistas al mar.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos