Juan Echanove: «Censurarse es malo para el arte y la sociedad»

Juan Echanove (i) y Ricardo Gómez, posan para la obra de teatro 'Rojo'. /
Juan Echanove (i) y Ricardo Gómez, posan para la obra de teatro 'Rojo'.

El actor madrileño protagoniza esta historia sobre el pintor expresionista Mark Rothko y el gran dilema ético al que se tuvo que enfrentar

NATALIA BENITO

Hace siete años Juan Echanove (Madrid, 1961) no pudo representar 'Rojo'. La espera ha permitido que le acompañe Ricardo Gómez en este montaje sobre un momento crucial en la carrera del pintor expresionista Mark Rothko: el dilema ético de pintar una serie de murales, extraordinariamente bien pagados, que deberán decorar el elitista restaurante Four Seasons de Nueva York. Es el encargo mas importante que se había hecho nunca pero él lo rechazó. El porqué, qué es lo que produjo en él y otros dilemas se tratan en la función, obra de John Logan, galardonada con seis premios Tony.

'Rojo'

Cuándo
Sábado, a las 2100 horas; el domingo, a las 19.00 horas.
Dónde
Teatro Romea.
Entradas
15, 18 y 20 euros.

-¿Cómo es Mark Rothko?

-Históricamente es uno de los mayores representantes del expresionismo abstracto y está considerado como uno de los mejores exponentes de la historia del arte. Como personaje es enormemente complejo. Iracundo, violento, maltratador, soberbio y con una capacidad creativa y de análisis verdaderamente brutal. Es hasta cariñoso pero muy bipolar, pasa del negro al blanco en cuestión de segundos. Es un personaje maravilloso de interpretar.

-¿Tuvo claro desde el principio que haría la obra?

-Sí. Sobre todo la segunda vez que me lo propusieron. La primera fue hace siete años y era dificil que la pudiera hacer por cuestión de agenda, y nadie la hizo. Cuando terminamos 'Sueños', Gerardo Vera me lo propuso de nuevo y pensamos que era ideal que Ricardo Gómez hiciera de mi ayudante. Después, decidimos que la dirigiera yo porque Gerardo Vera no podía y estamos encantados. Está siendo un éxito.

-La espera ha tenido su recompensa contando con Ricardo Gómez.

-Sí. En los ultimos años ha demostrado mucho en montajes como 'La cocina' o 'Mammón', que han fraguado a un actor muy a tener en cuenta. Todos los actores necesitamos una edad y madurez en escena para hacer un personaje.

-¿Qué le enseña a su aprendiz?

-Lo que es la pintura viva, lo que transmiten los cuadros, lo que produce el arte entre la gente. Es todo una discusión bastante encarnizada sobre la vida, el ser humano y, por supuesto, sobre el arte.

-¿Qué ha aprendido del actor?

-Tengo la suerte de aprender muchas cosas cada día que trabajo con él. Además de su calidad como actor, él está metido en una corriente de artistas jóvenes y conviene estar cerca, conocer lo que están haciendo y lo que piensan del teatro.

-¿Alguna vez ha estado en una tesitura similar a la que vive Mak Rothko?

-Muchísimas. No en una como la de Rothko pero sí he tenido la diatriba de decidir si hacía o no algo solamente por dinero o por qué razones. Despue de trabajar 40 años como actor te pasa de todo.

-¿Hay mucho artista vendido?

-No lo sé. En todo caso siempre hay que ponerse en la piel del otro. Los principios no tienen que ser rígidos y todos nos modificamos con el tiempo.

-La obra habla también de la decadencia artística, ¿usted tiene miedo al olvido?

- [Ríe]. Yo me levanto todos los días muy temprano y me pongo a trabajar. Después de tantos años de trabajo he creado el canal suficiente para coproducir obras de teatro y poder sacarlas de gira, pero todo eso conlleva tiempo. No sé cuál será mi siguiente título pero ya empiezo a darle vueltas.

-¿Y qué pasa con el olvido de las mujeres?

-Lo de las actrices es dramático. A los hombres también nos pasa, pero no tanto. Hay una franja de edad de los 45 a los 60 años en la que parece que no estás. En teatro hay más posibilidades para ellas pero no hay una oferta teatral para cumplir las expectativas de todas las actrices.

-¿Y cuando los límites a la creación los establece la libertad de expresión?

-Lo peor que le puede ocurrir al ser humano, mas allá de sufrir la censura y cosas incomprensibles como que alguien sea encarcelado por un rap o una pintada; el problema está en que todos tenemos una idea de lo que es correcto y entonces nos censuramos. Esto es muy malo para el arte y también para la sociedad.