Carne roja en El Extremeño

Salón del establecimiento, ayer. / VICENTE VICÉNS / agm
Salón del establecimiento, ayer. / VICENTE VICÉNS / agm

El restaurante de Sangonera la Seca se afianza en la gastronomía local con una cocina tradicional basada en tapas y chuletas a la brasa

SERGIO GALLEGO

Dicen, yo no lo he comprobado, que tenemos en común con los extremeños el uso de la coletilla 'acho'. Imagino que también compartimos el amor por el jamón de bellota y, seguramente, un amigo común en Sangonera la Seca donde la oferta gastronómica es tan variada como efectiva. La carta de El Extremeño comienza por 'Ferrero Rocher de Morcilla', tosta de foie con crema de alcachofa y cebolla confitada y rebanada de pan tostado con tomate y sardina ahumada. Almejas, calamar, caballitos, jamón, pulpo al horno o habitas con boletus y salteado de tocino ibérico con salsa de boletus, otra vez, y trufa junto a una decena de preparaciones más que inundan una barra de tapas al más estilo donostiarra que, sin duda, se les ha quedado pequeña para satisfacer a todos sus clientes. Dentro, un comedor bastante amplio, decenas de camareros corriendo de un sitio a otro, un interesante olor a brasas y una nevera repleta de carnes rojas separadas en distintas repisas según los años de la ternera cuando fue sacrificada y los días de maduración de cada una de las piezas.

El Extremeño es una apuesta segura de cocina tradicional en los entrantes, carnes de todo tipo -la mayoría a la brasa-, un buen abanico de pescados del tipo dorada trufada con salsa de cava y frutos secos o lomo de merluza a la plancha con salsa de boletus y, como digo, tapas variadas que, es de agradecer, tienen la firme intención de no aburrir al comensal, sin volverlo loco.

El Extremeño

Dónde:
Av. de Lorca, 124. Sangonera la Seca
Tlf.
968 801 670
Horario:
Noches de jueves, viernes y sábados.
Precio:
Unos 35 euros por persona.

No debemos esperar demasiadas delicadezas por parte del servicio de sala, que siendo correcto y práctico, mantiene cierta distancia con la mesa en todo momento. Ni rastro de detalles como repetir el servicio de vino, por ejemplo.

Comienzo con una ensaladilla rusa con unos variantes de gran calidad y una anchoa del Cantábrico en aceite de oliva fresca y reluciente. Los caballitos vienen insertados en una brocheta y a su vez en un vaso cerámico repleto de sal a modo de soporte para clavar las diminutas banderas marinas. Como casi siempre, buen rebozado y gamba mejorable.

La ensalada de queso de cabra crujiente -envuelto en pasta filo-, membrillo con frutos secos, mezclum de lechugas, sésamo, mermelada de fruta casera y reducción de vinagre balsámico es una de las más vendidas. La combinación, aunque manida y un tanto dulce, queda bien resuelta.

La croqueta de marisco con salsa de bogavante deja las sutilezas visuales a un lado para colocar una masa de pescado y marisco rebozada en forma de mini San Jacobo con una crema oscura y espesa de marisco por encima. No está mal de sabor, pero la presencia es francamente mejorable. Estupendas, sin embargo, las patatas fritas caseras, las costillas de cabrito a la brasa y el rodaballo a la brasa, aunque la pieza de pescado viene al corte, no en piezas enteras.

De altísima calidad encuentro las patatas al ajo cabañil que acompañan a la carne de ternera de ocho años y cuarenta días de maduración junto a unos típicos pimientos verdes pequeños y otros increíbles pimientos naranjas, dulces y carnosos. Además, el plato de carne llega a la mesa trinchado y atemperado, pero de la mano de una piedra a una temperatura de más de cien grados para que los comensales terminemos de hacernos la carne a nuestro gusto. Bien hecho.

De postre, un exquisito souflé de limón, con el merengue fresco y en su punto de textura al más puro estilo murciano, aunque estemos en El Extremeño.