Buen rollito

Interior del establecimiento de la plaza de San Juan. / JAVIer CARRIÓN / agm
Interior del establecimiento de la plaza de San Juan. / JAVIer CARRIÓN / agm

Líquido Elemento es un local con una buena remesa de cócteles y platos informales y divertidos a precios populares

SERGIO GALLEGO

El nombre es bonito. Tiene 'flow', o como se diga. Pero Líquido Elemento hace tanta referencia a la bebida que antes de sentarme en la mesa a probar la carta tengo que preguntar si es posible comer o solo puedo ponerme de Pisco Sour hasta las cejas.

Efectivamente, hay comida. El bar dispone de una carta repleta de platos informales que van de la empanadillas, tostas y croquetas a picantón al limón o solomillo Wellington, pasando por hamburguesas o calabacines rellenos, que se suman a una buena oferta de cócteles clásicos y alguna elaboración a medida si dispone de los ingredientes. Yo suelo pedir mezcal, soda, jengibre y lima, que es de las que más me gustan cuando busco un trago corto y que hace años bauticé como El Voltio por la potencia que desprende, pero si tienen los ingredientes, pueden hacerte tu trago favorito.

Líquido Elemento

Dónde:
Plaza San Juan. Murcia.
Tlf.
628 651 408.
Horario:
cierra domingos noche y lunes todo el día.
Precio:
unos 25 euros por persona.

En esta ocasión me decanto por el combinado de Pisco que, aunque en realidad le salen matices salados poco propios de la receta original, con un poco de edulcorante lo arreglamos en dos segundos. Es significativo que el local esté regentado por un chaval y su madre, quienes van intercambiando impresiones de la sala y de la cocina para redondear la experiencia global, aunque él es quien, de una manera u otra, está más tiempo sirviendo a las mesas. Y, desde luego, tanto el camarero como la cocinera, hacen que en Líquido Elemento haya muy buen rollito gracias a un trato familiar, pero distante, servicial, informal y, por qué no, divertido.

Además, todo lo que cocinan lo hacen bien. Yo empiezo por dos empanadillas de atún y de pollo. Si la masa está crujiente, caliente y sin rastro de aceite, el interior de la de pescado es jugosa y tradicional mientras que la de pollo lleva una bechamel con bacon y especias Cajún (pimentón, pimienta, comino, orégano, ajo, mostaza y chile, entre otros ingredientes) que realmente la convierte en un 'hit' de la carta.

La tosta crujiente de pesto de pistachos, manzana, anchoas, rúcula y parmesano es una combinación ganadora aquí y en Sebastopol. Pero tranquilo, si no te gusta el queso, puedes pedir cualquier otra de la carta, como la de sardina y guacamole, por ejemplo. Lo cierto es que a la de pesto le falta cierto equilibrio, ya que lleva una proporción desmedida de queso, por una ración nimia de anchoas.

El calabacín relleno de setas y foie es un plato intermedio, un descanso antes de entrar en unos interesantes canelones de carrillera con una bechamel muy bien trabajada que me cepillo con cuchara, unas hamburguesas de wayug y otra marinada en Jack Daniel's y trufa que, aunque la carne es fresca y el resultado es muy recomendable, de la trufa y del tito Jack no encuentro ni el aroma.

Francamente mejorable recibo el plato típico inglés 'fish and chips'. Tanto la merluza rebozada como las patatas no quedan crujientes y jugosas. Más que el plato anglosajón recuerda a un menú infantil, por más que la bearnesa de limón que lo acompaña intente mantener el tipo.

Para mí, el plato que no debéis perderos es el bocata de calamares. El pan es delicado y consistente elaborado con tinta de calamar, pero los calamarcitos rebozados del interior con una salsa a base de mahonesa y un poquito de lechuga lo elevan al nivel que merece. Una buena tarta de queso, casera, como todo, y la impresión de que el local, con mesas en la propia plaza San Juan, cubre las expectativas de quienes buscan una alternativa informal, divertida y diferente a lo que ya conocemos.