Se abre el telón

Sebastián López ultima algunos platos del Club Gastronómico Drama, en Murcia. / yolanda méndez
Sebastián López ultima algunos platos del Club Gastronómico Drama, en Murcia. / yolanda méndez

Drama abre sus puertas como Club Gastronómico con una increíble puesta en escena de luz y color, maridaje íntegro de cócteles y una cocina muy atrevida

SERGIO GALLEGO

Un camarero con frac, unas luces tenues de colores y la indicación principal de que no se puede utilizar el móvil en el interior de la sala preceden a lo que será la experiencia gastronómica del Club Gastronómico Drama: una imponente barra para doce comensales donde la puesta en escena es impactante y la bebida es obligatoriamente un maridaje a base de cócteles.

Al abrirse las cortinas que dan acceso al comedor, Sebastián López, el joven cocinero colombiano que está al frente de la cocina del club, dispone agua caliente sobre diez platos perfectamente alineados llevando a cabo un efecto de humo en el que será el primer pase de la noche. Mientras, Juan Vidal, coctelero, propietario de Bro -donde nos reúnen a los comensales antes de la cena- y parte de Drama, prepara el primer cóctel de la velada. No hay vino, ni posibilidad de tomar una cerveza, una decisión empresarial que entiendo que da un empujoncito a los comensales más reacios a probar experiencias nuevas, pero que limita, sin duda, la libertad de los clientes.

Club Gastronómico Drama

Dónde:
Calle Poeta y Periodista Raimundo de los Reyes.
Teléfono:
601 285 127.
Horario:
viernes, sábados y lunes.
Precio:
menús de 85 y 120 euros con maridaje incluido. Ser socio de Drama, 50 euros al año.

Tras la barra se encuentran Vidal y López dando algunas explicaciones de los platos, contestando a las preguntas de los curiosos clientes y animando a que estos se levanten y cambien la música a su antojo. No se pueden hacer fotos, pero el ambiente es de un verdadero club de colegas en busca de experiencias gastronómicas diferentes. Detrás del servicio, imágenes surrealistas acompañan durante toda la experiencia al comensal con proyecciones que ocupan toda la pared trasera de la barra.

Demasiado picante

La propuesta de cocina es desenfadada, creativa, limpia, por momentos pura, sincera, sabrosa, potente, diferente, creativa, estética e interesante, aunque en ocasiones la parafernalia de la puesta en escena se lleva por delante el bocado. Como por ejemplo, en el ají relleno de queso y membrillo que es tostado en el propio plato creando una llamarada de fuego, pero que resulta incomestible por el nivel de picante del pimiento. O en el postre, una aburrida crema de limón sobre un plato con musgo y, otra vez, el efecto de bruma con hielo seco y agua caliente del principio.

La potencia de sabores es una auténtica paliza para nuestras pobres papilas gustativas desde el inicio. Una flor de Sechuan o flor eléctrica -deja la sensación en la boca de que estás chupando una pila-, bombón de aguachile, 'dumpling' de cerdo ahumado, sandía con sardina y sake o dos bocaditos de remolacha y queso azul son los intensos primeros derechazos del menú. Una procesión de sensaciones que van directas al hipotálamo y que Vidal contrarresta a la perfección con un maridaje sobresaliente durante toda la comida.

Encuentro grandes platos la panceta con yema de huevo en salazón, setas y una crema en sifón de suero de leche de burrata con stracciatella; el bogavante con caldo de capón, aunque la presentación en el plato aún puede mejorar; y la lengua de ternera con tomate y un delicioso curry blanco de almendras que no pica y que nuevamente echa mano de la textura de espuma de sifón, aunque los tres platos pecan de una temperatura tibia y no caliente.

Correctos encuentro el bacalao con 'vichyssoise' de capón, vainilla y 'haba tonka' -otra vez tibio-, la ostra con ponzu y un buen ravioli de cordero con setas colmenillas y una salsa que es redondeada con el cóctel de trufa que ofrece Vidal en uno de los maridajes más redondos que recuerdo en años.

Diferente

A falta de unos daditos de atún mayores, la versión de López del cebiche utilizando naranjas en salmuera podría ser el plato que mejor representa a un cocinero con una gran creatividad, con una técnica depurada en cocina -no utiliza productos químicos en sus elaboraciones- y con un estilo propio, tan difícil de encontrar hoy en día. Obviamente, a veces se pasa de frenada, pero es fruto de la confianza, de su divertida forma de entender la gastronomía y de una juventud insultante. López y Vidal tenían claro que iban a hacer algo diferente, y lo han conseguido.

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