Viaje a un escenario de cambio climático

No permitir la conservación de campos dunares es pegar un tiro a nuestras playas. El litoral se verá afectadoy el turismo con él

DANIEL IBARRA MARINASDOCTOR EN GEOGRAFÍA FÍSICA, INVESTIGADOR EN LA UMU

Podemos hacer un viaje en el tiempo, esta vez hacia el futuro. Los viajes en el tiempo hacia adelante suelen requerir mucha imaginación, pero este no es el caso. Si queremos avanzar solo unas décadas, y como vamos a seguir hablando del cambio climático como lo hemos hecho durante estos días, preferiría usar como motor algunos datos a los que solo hay que perdonarles la incertidumbre. Así no caemos en un Mad Max o en inundar la mitad de la Región de Murcia, cosas más propias de la ciencia ficción. Bueno, de todas formas, el viaje también acaba mal.

Según una encuesta realizada a 3.000 personas de todo el país por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) el año pasado, la Región de Murcia es la comunidad autónoma donde menos se cree en el cambio climático. Pero a la realidad nunca le ha importado nada de nada nuestra opinión. Las evidencias científicas muestran que el cambio climático es real, sí está provocado en gran medida por los seres humanos y está claro que la Región de Murcia es un lugar especialmente vulnerable. Los problemas derivados a los que nos enfrentaremos afectarán a la disponibilidad de agua, a la agricultura, a los episodios de lluvias que ya padecemos, a nuestras playas, al turismo y, en definitiva, a nuestra vida cotidiana.

Uno de los temas más recurrentes en la Región es el agua. Ha motivado obras desde hace siglos, ha sido utilizada para regar y crecer, también como bandera política. La escasez del agua en la Región de Murcia es un problema. El Problema. Se prevé que el descenso de las precipitaciones produzca inevitablemente una reducción de las reservas de agua dulce en el Mediterráneo, que habrán descendido más del 20% para la mitad del presente siglo. En la Región, por sus características geográficas, el dato será mayor y claro, también el conflicto, que no solo afectará a la agricultura.

Es una de las actividades estratégicas en la Comunidad Autónoma y el regadío tiene un papel fundamental. Los efectos del cambio climático sobre la agricultura van mucho más allá del agua, el sector tendrá que hacer frente a la subida de las temperaturas. En el futuro, la mejora de la genética será clave para evitar el estrés de los cultivos, entre ellos los cítricos. En el caso de los tomates, la polinización se verá muy afectada durante periodos largos con temperaturas en torno a 35ºC, y con cinco grados menos las lechugas sufren el necrosamiento del borde de sus hojas, conocido como 'tip-burn'.

Los cambios en las temperaturas podrían tener uno de los efectos más negativos en los cultivos de vid. ¿Se imaginan que en unas décadas los vinos de Jumilla se 'muevan' a regiones como Alemania, Polonia o Reino Unido? Según un estudio liderado por Romualdo Romero, catedrático de la Universidad de las Islas Baleares, en el periodo 2046-2070 la exposición a temperaturas extremas tendrá consecuencias en la calidad de la fruta mediterránea, que será menor, con menos aromas y menos pigmento. Estos cambios harían que el actual índice de Winkler, que clasifica el clima de las regiones vitivinícolas en función de la suma de calor o de los días de crecimiento, no tuviera ningún sentido.

Se han observado relaciones entre los fenómenos meteorológicos extremos y el cambio climático. Aunque estas relaciones no parezcan claras debido a su complejidad, no quiere decir que no existan. Nos podría parecer que no tiene una relación directa entre las recientes lluvias torrenciales provocadas por la reciente DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos), pero sí hay algunas relaciones indirectas que podemos observar en factores derivados del cambio climático que han influido, como la progresiva subida de temperaturas del Mediterráneo o la anormal persistencia del evento. Puede que, en el futuro, el fenómeno de la gota fría sea más común de lo normal en meses como diciembre, en los que son poco comunes en la actualidad. El 'desorden' de los periodos lluviosos se verá acompañado de sequías en territorios semiáridos, como la Región de Murcia. Tenemos muchas papeletas, se hace imprescindible desarrollar estrategias de mitigación y adaptación.

Uno de los lugares más expuestos al cambio climático en la Región son sus playas. La costa es el medio más dinámico y el efecto de la subida del nivel del mar por el deshielo de Groenlandia y la Antártida afectará a las playas de varias maneras. Por un lado, la subida del nivel del mar (entre 0,3 y 0,5 m para el periodo 2080-2100) nos robará terreno, en especial en las playas mediterráneas de menor pendiente (San Pedro del Pinatar, La Manga del Mar Menor, Calblanque, etc.). Pero a eso hay que sumar que los periodos de tormentas se intensificarán aumentando la erosión costera, la desaparición y la degradación de las dunas evitará cualquier intercambio de arena. Destruir o no permitir la conservación de campos dunares es pegar un tiro a nuestras playas. Está claro que el litoral se verá afectado y con él nuestras sombrillas y el turismo, igual que nuestras casas y paseos marítimos. El simple aumento de las temperaturas ya provoca cambios en los destinos del turismo global.

En definitiva, la Región de Murcia estará muy expuesta a los problemas que poco a poco dejan de ser parte del futuro. Nos vamos conociendo y no es buen viaje. Vale, no se inundará Caravaca de la Cruz, ni se evaporará el mercurio. Pero no termina bien.