VERÓNICA

Imagínalo: eres su compañero de trabajo, eres su compañera de trabajo, ¿habrías visto y difundido su vídeo de contenido sexual viralizado a sus espaldas, sin su consentimiento?

Fotografía: Pepe H. Tipografía: Nacho Rodríguez /
Fotografía: Pepe H. Tipografía: Nacho Rodríguez
Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Eres adulto; vale que echas de menos el esplendor físico de la juventud, pero te has hecho a la idea y no llevas del todo mal el paso del tiempo. Por supuesto, ya eres mayor de edad y has escuchado muchas veces que tienes que responsabilizarte de tus actos, y de las decisiones que tomes, y sueles hacerlo, aunque eres humano y sabes también que te ampara el derecho, y la ley natural, a poder equivocarte, aceptar tu error y rectificar. No creo que exista alguien que no se sepa con todas sus letras eso de que 'rectificar es de sabios'.

Tienes derecho a voto, y de hecho ya lo has ejercido en varias ocasiones con mayor o menor tino, pero siempre amparado por el hecho de que en eso, precisamente, consiste la democracia: en que no es oro todo lo que reluce en los partidos políticos. Tampoco lo es en nuestras propias casas, barrios, ciudades...; nadie es perfecto, otra verdad verdadera. Creces, te ilusionas, aciertas, te equivocas, te comes el mundo, te atragantas, te besan con deseo por primera vez, tú haces lo mismo en algún momento -¡espero, qué triste sería lo contrario!-, y empiezas a imaginarte que un día serás padre, que un día serás madre, y, seguidamente, otro día que no pasará en balde, empezarás a desearlo: ser madre, ser padre, la mejor del mundo a ser posible, el mejor entre todas las opciones disponibles. A lo mejor para entonces ya has conocido al hombre de tu vida, o a la mujer de tus sueños, o resulta que está por venir; ya veremos a ver si hay suerte.

Quieres a tus padres. Sabes que están ahí para lo que necesites, por pocos o algunos más disgustos que les hayas dado. También ellos se los dieron a tus abuelos, y así podríamos seguir hasta llegar, finalmente..., yo prefiero imaginarme que a los Adán y Eva pintados por Durero que a los primeros homínidos que en la Tierra afloraron. Ah, y has ido pagando tus impuestos, si bien es cierto que, más que por gusto, por imperativo legal, y no creo equivocarme si digo que a estas alturas no tienes deudas con Hacienda; incluso puede que ni siquiera una sola vez hayas tenido el más mínimo problema con la fuerzas del orden, ni te hayas visto las caras con la Justicia. En realidad, supongo que no te gustan los altercados, las disputas tontas, y que te ganas el pan, incluso el de centeno, con el sudor de tu frente. Eso es, una persona normal, que intentas vivir lo mejor que puedes, incluso no molestando a los demás salvo que te sea absolutamente imprescindible hacerlo.

Conoces lo que es el miedo, eso faltaba, porque somos mortales y no somos ni Aquiles, ni tampoco Irena Sendler, quien arriesgando su propia vida salvó a más de 2.500 niños judíos de morir sacrificados por los nazis. No eres ni especialmente valiente, ni tampoco tienes motivos para sentirte la mayor de los cobardes y vivir atormentada como le ocurre al Lord Jim de Joseph Conrad, bendito sea Joseph Conrad. Eres una persona que merece ser feliz, que ya tienes dos hijos, por ejemplo, que sabes que te necesitan y para los que deseas la mayor de la felicidad.

Hay cosas de tu pasado que no te gustan, ¡acabáramos!; cosas de tu pasado que no repetirías ni loca, ni loco, ni por asomo. Tampoco es que hicieras nada que supusiera un daño para otra gente, no es que le robases a nadie, no es que delatases a nadie, no es que te gustase humillar a otras personas, ni que negases el socorro cuando te lo pidieron...; cosas tuyas, que hiciste en privado, que no tendrían por qué tener ni mayores ni menores consecuencias. Ya hemos dicho que eres un adulto, ya hemos dicho que eres una mujer mayor de edad. Conoces la vergüenza, todos la hemos sentido, y también en ocasiones hemos dado motivos para sentirla. No es posible acertar siempre y en todo lugar, hacer lo correcto sin fallar.

Desde pequeño has oído hablar de la importancia de tener una buena reputación, y lo más previsible es que te hayas encargado de no labrártela en tu contra, por mucho que te gusten las canciones de Georges Brassens. Tienes dignidad, tienes principios, y tienes unos deseos, tienes un cuerpo, todo el mundo tiene un cuerpo que tiene deseos; creo que coincidiremos en que el problema llega cuando atentas contra el cuerpo del otro, lo manipulas, lo violentas, lo humillas. Sabes que está sociedad sigue teniendo un problema muy grave de falta de madurez con la sexualidad, sobre todo, y lo sabes porque eres mujer, cuando es la mujer la que adquiere protagonismo en el sexo. Se avanza demasiado lentamente.

Eres mujer y no te gusta que te humillen, eres hombre y compartes ese mismo deseo. No te gusta que se burlen de ti, eso ya lo sé; le pasa lo mismo al resto del mundo, aunque de eso nos olvidamos. Eres mujer, te llamas Verónica, tienes tan solo 32 años, dos hijos a los que adoras -uno de cuatro años y otro de nueve meses-, y trabajas, junto a otros 2.500 compañeros, en una fábrica de camiones. Hace unos días te enteraste de que entre ellos corría como la pólvora, vía WhatsApp, un vídeo tuyo, de hace cinco años, de contenido sexual. Por lo visto se lo enviaste entonces a una persona en la que confiabas; ya ves, todos hemos confiado en quien no lo merece. Y puede que a otros les pase lo mismo con nosotros. Tu pareja y padre de tus niños, con quien comenzaste tu relación después de ese vídeo que no debería haber visto la luz pública, que grabaste siendo adulta y enviaste a la persona equivocada, también lo recibió y cuentan que entró en 'shock'. Me gustaría pensar que, una vez que salió de él, te dejó claro que lo que viniese a continuación lo afrontaríais juntos. Al día siguiente te ahorcaste. No sé, hoy, cuántos de esos compañeros tuyos que recibieron el vídeo, lo vieron y lo difundieron, pensarán que ellos no han tenido nada que ver con tu muerte.