Sabrán lo que está pensando

Sintiendo el vértigo de lo que puede llegar a pasar, creo que, en estos temas, como en otros como la manipulación genética, acabarán haciéndose cosas por encima de los posibles límites legales que existan

Sabrán lo que está pensando
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Pablo Artal
PABLO ARTAL

Nuestro cerebro es un órgano tan complejo como maravilloso. Aunque hemos aprendido mucho sobre su funcionamiento en las últimas décadas, seguimos en la ignorancia sobre cómo funcionan muchos procesos, por ejemplo, la consciencia o la representación de nuestros pensamientos. Sin embargo, poco a poco, pero sin pausa, los científicos están desarrollando técnicas que permiten de alguna manera conocer, e incluso modificar, los pensamientos. Es de esperar, que más pronto que tarde, sea posible saber lo que usted está pensando.

Ya existen dispositivos simples y baratos que registran las ondas cerebrales dando información, por ejemplo, sobre cuál es el estado de concentración de una persona. En diversas pruebas se han usado con estudiantes en el aula, donde un indicador de colores muestra el estado de concentración de cada alumno. El maestro sabe rápidamente quiénes están pensando en las avutardas en lugar de en el problema que deben resolver. La verdad es que tengo mis dudas del interés práctico de estos dispositivos en el entorno escolar. Después de todo, siempre ha sido fácil saber quián está en babia solo con mirar a la cara. Pero el uso masivo de estos dispositivos ayudará a disponer de una enorme base de datos de ondas cerebrales, lo que puede ayudar a profundizar en las mentes de las personas, estando cada vez más cerca de saber lo que piensan. No es descabellado afirmar que los avances en la neurociencia amenazan lo más íntimo de la privacidad: nuestros pensamientos.

Algunos científicos ya son capaces de saber las palabras que una persona está pensando mediante el registro y análisis de su electroencefalograma. Lo que resulta aún más inquietante es saber quiénes están detrás de algunas de estas iniciativas. Mark Zuckerberg, el director general de Facebook, empresa que no siempre ha sido muy cuidadosa con la privacidad de sus clientes, confirmó en una entrevista los planes de la compañía para desarrollar una interfaz cerebro-máquina que en el futuro permita a los usuarios enviar mensajes directamente con sus pensamientos.

Por otro lado, en varios experimentos realizados recientemente por dos grupos en EE UU, uno de ellos liderado por el científico español Rafael Yuste, han utilizado una tecnología llamada opto-genética para crear alucinaciones en el cerebro de ratones. En lo que parece casi un experimento de ciencia ficción, en una primera fase se inyectaron dos genes en neuronas de la corteza visual de los ratones de manera que se convierten en sensibles a luz roja y a la vez emiten luz verde cuando se excitan. Esto permite saber cuál es la actividad neuronal en respuesta a los estímulos visuales. A los ratones así tratados se les mostraron en un monitor imágenes de rayas verticales y horizontales y se les entrenó para que lamieran un palito solo cuando vieran rayas verticales. Cuando a los ratones se les mostraron imágenes, se identificaron miles de neuronas en sus cortezas visuales que emitieron luz verde al responder a las rayas verticales u horizontales.

Dejando a los ratones en la oscuridad, los científicos activaron con luz el mismo grupo de neuronas que respondían a las rayas verticales y los ratones respondieron lamiendo el palito como si estuvieran realmente viendo las imágenes. Esto es un ejemplo sencillo, pero impactante, de cómo es posible crear una idealización excitando las neuronas directamente con luz. Es razonable imaginar que un perfeccionamiento de estas técnicas pueda usarse en el futuro para el tratamiento de enfermedades mentales o, por qué no, para la creación e inducción de pensamientos. Pero también puede ser el principio de una distopía en la que otros puedan manipular, o crear, nuestros pensamientos. En otras palabras, que nuestra mente pueda ser 'hackeada'.

Los aspectos éticos relacionados con estas tecnologías requerirán una regulación especial. El mencionado profesor Yuste es uno de los principales abanderados de la defensa de los derechos de lo que llama privacidad mental. O, dicho de otra forma, que nadie pueda, sin nuestro permiso, usar o manipular nuestros pensamientos. Yuste afirmó en una entrevista: «Creo que se deberían tratar nuestros datos neuronales como sagrados, porque no son solo nuestros pensamientos, y nuestras intenciones, sino también nuestro subconsciente».

Sintiendo el vértigo de lo que puede llegar a pasar, creo que, en estos temas, como en otros como la manipulación genética, acabarán haciéndose cosas por encima de los posibles límites legales que existan. Y no me parece descabellado que en un futuro alguien vaya a prisión, no por lo que haya hecho, sino por lo que haya pensado hacer. Así, que vayan teniendo cuidado con lo que se les pasa por la cabeza si sospechan que alguien puede estar leyéndoles los pensamientos.