Primero de hembra

Primero de hembra
ROSA BELMONTE

Han vuelto las descampadistas. El descampadismo consiste en defender que una mujer puede ir por donde le dé la gana y a la hora que le dé la gana ejerciendo su soberana libertad. Tras la violación de una joven en Bilbao por varios salvajes (la segunda en mes y medio), la Ertzaintza ha hecho recomendaciones a las mujeres para evitar este tipo de agresiones. Las de cualquier abuela, las de vivir a salvo en sociedad. Las que ni siquiera habría que hacer, igual que no habría que avisar de que el gato no se seca en el microondas.

No se quejan las descampadistas del feminismo por el hecho de que las prevenciones sean de perogrullo. No. Que si otra vez se pone el foco en las víctimas y no en los delincuentes. Que parece cosa de otros tiempos. Que nosotras teniendo que llevar cuidado y los violadores a sus anchas. Como si se opusieran los dos grandes conceptos en el negociado de las violaciones y su campo semántico: el minifaldismo frente al descampadismo. Se visten como putas frente a tengo derecho a vestirme como una puta. Y mientras, el Centro Islámico de Munich recuerda en su web lo que dice la ley islámica si las esposas desobedecen al marido. En primer lugar, la amonesta; en segundo lugar, no acude al lecho matrimonial, y ya a la tercera va la paliza.

Algunas de las recomendaciones de primero de hembra aquí en Bilbao, donde la civilización: «Evitar caminar por la noche en solitario o por lugares apartados y poco iluminados». Claro que lo hacemos, pero con miedo, como cualquier mujer sensata que no sea Xena o Brienne de Tarth. Claro que tenemos derecho a ir por descampados. Pero ve tú, ejerce tú ese derecho, que yo soy de cogerme un taxi. O de cambiarme de acera si veo por la noche más de un hombre junto. Pero no me hagan mucho caso, porque yo veo a los Sabandeños (incluso de día) y salgo corriendo.