La papeleta de Ciudadanos

El sondeo de Sigma Dos para 'La Verdad' revela el desgaste del partido naranja, a quien el 23% de los encuestados responsabilizarían de una nueva llamada a las urnas. El 28,8% de sus votantes se arrepienten de haberles votado

Alberto Aguirre de Cárcer
ALBERTO AGUIRRE DE CÁRCER

El giro propinado esta semana por Ciudadanos en el proceso para la investidura de López Miras no tiene nada de casual. Tras semanas de rotundas negativas a negociar, o ni siquiera sentarse a dialogar con Vox, su predisposición cambió de la noche a la mañana esta semana pasada cuando su candidata regional, Isabel Franco, convocó en su despacho a PP y Vox para salir del 'impasse' y recabar el apoyo de esta última formación. Las razones de ese radical cambio de actitud son, aparentemente, las que muchos sospechan, una pérdida de simpatías en la opinión pública por querer gobernar y ocupar el mayor número de sillones con el apoyo sumiso de un partido (Vox) al que, al mismo tiempo, le niega el pan y la sal. Una estrategia que rozaba la hipocresía política, con funestas consecuencias para la imagen del partido de Albert Rivera en la Región, tal como refleja hoy un sondeo de opinión pública encargado por 'La Verdad' a la empresa Sigma Dos.

El estudio, realizado esta semana a 600 personas en la Región, desvela que a seis de cada diez murcianos les parecería mal o muy mal tener que acudir de nuevo a las urnas. Lo peor para los naranjas es que el 23% considera que el principal responsable de esos posibles comicios autonómicos sería Ciudadanos. Esa atribución de responsabilidad, que duplica a la adjudicada a cualquiera de los demás partidos, se produce entre todos los votantes, incluso entre aquellos que votaron a Cs el pasado 26-M. Es cierto que hay un grupo mayor de encuestados (el 26%) que reparte la responsabilidad de unas posibles elecciones en el conjunto de partidos, pero la encuesta de Sigma Dos no deja lugar a dudas del desgaste sufrido por Ciudadanos desde el inicio del proceso para la formación de Gobierno.

Como cabe imaginar, ese deterioro de la marca naranja también se refleja en la estimación de voto a las distintas formaciones en caso de que el bloqueo persistiera estos dos meses y la única salida fueran las urnas (los resultados de estimación de voto de la encuesta serán publicados mañana por 'La Verdad'). Un dato revelador es que el 8,2% del electorado murciano se arrepiente de lo que votó en mayo, y que ese porcentaje alcanza el 28,8% entre quienes depositaron la papeleta de Ciudadanos. Es un resultado demoledor para los naranjas, especialmente si se compara con la estabilidad del voto de los populares y socialistas (solo se arrepienten de haberlos votado el 4,3% y 5,5%, respectivamente). A Ciudadanos no parece pasarle factura la opción de gobierno elegida, ya que el 44,8% de los encuestados son partidarios de una alianza de gobierno con el PP (de ellos, un 22,6% incluyendo a Vox) frente al 33,8% que optan por una coalición PSOE y Ciudadanos, sino su actitud y su estrategia de negociación. Claramente, es la forma en que han actuado en la negociación lo que les pasa factura, hasta el punto de que los votantes de Cs dan a su partido una peor valoración en este aspecto que los votantes del PP, PSOE o Vox a sus formaciones.

Es muy posible que los datos de esta encuesta no pillen por sorpresa a los partidos murcianos. La falta de mayorías estables y el tacticismo que impera desde el 26-M hace que todas las formaciones encarguen sus propios estudios demoscópicos. Es altamente probable que el viraje de Ciudadanos respecto a Vox esté motivado por algún sondeo reciente de conclusiones similares a las que hoy publicamos. Desde hace unos días, todo indica que el equipo de Isabel Franco hará cuanto esté en su mano para lograr un acuerdo de gobierno al que no se oponga Vox, que ya no pide sillas en el Consejo de Gobierno, sino un acuerdo programático que contemple determinados puntos. Toda la prisa que no tiene Vox la tiene ahora Ciudadanos, un partido que durante los últimos cuatro años ganaba simpatías y que ahora, cuando pugna abiertamente por sillones, lleva camino de convertirse en el 'nasty party' de la política nacional. Los últimos resultados autonómicos, con un descenso de votos respecto a 2015 en la Región, lo sitúan en una encrucijada. Con menos es quien más gana si obtiene lo que pide a un Fernando López Miras dispuesto a ceder lo que haga falta para conservar el poder. Con seis diputados puede hacerse ahora con medio gobierno, incluido una vicepresidencia, la portavocía y un senador autonómico. Visto el rechazo manifiesto a pactar con el PSOE de Diego Conesa, la alternativa sería ir a elecciones, con un claro riesgo de gran batacazo, pese a los pronunciamientos públicos en sentido contrario de sus líderes. Mi impresión personal es que el proceso para la investidura del líder popular se va a acelerar vertiginosamente. De hecho, podría cerrarse esta misma semana que entra, siempre y cuando Vox acepte ese ritmo veloz que desean imprimir populares y naranjas al diálogo, lo que dependerá en última instancia de las cesiones que ambos partidos hagan a la formación de Abascal. Tal y como está la política nacional, pendiente de una posible llamada a las urnas, todo es posible, pero aquí ya huele a asunto cerrado.