la Manada, Macron, Doña Ruth

«Las mujeres ya no están dispuestas a ser consideradas como un animal que los hombres cazan», dice la expresidenta de Suiza

la Manada, Macron, Doña Ruth
Fotografía: Pepe H. Tipografía: Nacho Rodríguez
Antonio Arco
ANTONIO ARCO

La expresidenta de Suiza, concretamente llamada Ruth Dreifuss, es una señora que no se anda por los brotes de olivo, precisa, clara, contundente y no sé si de digestiones ligeras, pero digamos que muy suiza, de las que llaman al queso, queso, que sin duda alguna es la mejor forma de llamar al queso para que nos entendamos todos, que ya andamos bastante confusos de por sí, bastante empanados de hecho, como para tener que empezar a desentrañar adivina-adivinanzas, tantas buenas intenciones que ya nacen con mala fe o incluso kafkianos despidos de oro en diferido. Llamar a las cosas por su nombre, a ser posible, desde luego, educadamente, es lo más conveniente si no queremos alimentar al monstruo de las mentiras, las falsas noticias y los todavía más falsos buenos propósitos de, por ejemplo, tanto político en celo de poder.

Lo cortés no quita lo valiente, pero huir del fuego sin intentar siquiera apagarlo lo que garantiza es que, en efecto, si acaso cesa el incendio no habrá sido gracias a nosotros. Dreifuss ha dicho una verdad verdadera que deja fuera a las que están dispuestas a ello y a los que no están dispuestos a cambiar su primitivo punto de vista. Sus palabras son: «Las mujeres ya no están dispuestas a ser consideradas como un animal que los hombres cazan». Llegados a este punto, falta saber el mejor modo de girar el rumbo de una costumbre, una ideología y un sentimiento de superioridad arraigados como una garrapata en una mayoría de bípedos acostumbrados, desde su más tierna infancia, a ser los reyes de la casa.

En libertad condicional los miembros de La Manada, por decisión también de una hembra pensante -por seguir utilizado un lenguaje de campo abierto-, la lectura del auto que los ha sacado a la calle, aprovechando que ya tenemos encima el sol que más calienta, introduce un nuevo disparate en el ya disparatado escenario de hartazgos, injusticias, violencias y exageraciones de todo tipo en el que nos movemos. Por lo visto, se trata de que las mujeres que se sientan en peligro estén muy atentas, ojo avizor, siempre en alerta, sin bajar la guardia, escrutando rostros, semblantes, miradas...; como los condenados en libertad condicional son de sobra conocidos, allá ellas si deciden acercárseles.

Genial de mal: la responsabilidad sobre la seguridad de todas las ciudadanas recae sobre ellas: venga, a ejercer todas de agentes secretos o policías de paisano. Desconfiando. ¿Y por qué desconfiar de ellos si la Justicia los ha dejado libres, eso sí a merced de que siendo tan efectivamente conocidas sus identidades su nueva 'vida' pueda convertirse en un calvario? La ministra de Justicia socialista, Dolores Delgado, ha dicho también que hacen falta «reformas mentales». Y tanto. Eso es lo más suave que, con razón o sin ella, ha salido de las bocas de cientos de miles de españolas indignadas con razón en estas últimas horas.

Dicho lo cual, rechazo también absolutamente la caza ilegal de cualquier persona en libertad condicional por mucho que nos pueda indignar el hecho. Es otra salvajada, que ya se ha cometido, difundir en las llamadas redes los datos personales, dirección y teléfono de los miembros de La Manada y de algunos de sus familiares. Conmigo no contéis para eso. Joder, se confirman las sospechas y no es una noticia como para sentirnos orgullosos: cada vez tenemos menos coeficiente intelectual. Así lo defiende un estudio publicado en la prestigiosa revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS)' que, no nos engañemos, tanto usted como yo acabamos de enterarnos de que existe. Y en la medida en la que el hombre y la mujer sigan siendo un lobo y una loba para el resto de sus congéneres, este dichoso coeficiente no alzará el vuelo. Y no parece que estemos muy dispuestos a enmendar tan garrafal error. Todo ello dicho con mucha educación y procurando saber el terreno que se pisa.

Tonterías las justas o menos. Así lo entendió el presidente francés Macron y así se lo hizo saber, con la necesaria firmeza y un puntito de chulería gala que se le disculpa, al estudiante adolescente que, creyéndose muy gracioso o simplemente demostrando su mala educación, se dirigió a él de esta guisa: «¿Cómo estás, Manu?». Pues no creo yo que deseando adoptarte.

 

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