A vueltas con las pajitas

Las de plástico causan graves perjuicios a la Humanidad

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

El buen lector tiene todo el derecho del mundo a echarme en cara que, lo que es de las pajitas de sorber, ya he hablado en alguna que otra ocasión. Reconozco que es así. Pero, cuando un asunto que parece trivial no termina de resolverse por mucho que uno insista, no queda más remedio que seguir dando golpes con el mazo. Y otra cosa más diré: No hay enemigo pequeño. Y la pajita, aun siendo liviana, produce efectos que son de la mayor entidad.

Deseo aclarar antes de seguir que me estoy refiriendo a las pajitas de plástico, o sea las que vinieron a sustituir a las de toda la vida, que eran de cereal. Las nuevas generaciones ignoran esto, por lo que, cuando les das una pajita para que se metan en el cuerpo cualquier tipo de bebida, se quedan tan panchas. Quiero decir que no les llama la atención cuál sea la índole de esta herramienta. Pero los viejos, que desde nuestra infancia (aun cuando no fuese tierna) venimos sorbiendo con pajita de centeno, sabemos bien de qué estamos hablando.

-¿Pero por qué esa aversión a la paja plástica, si puede saberse?

No solo puede, sino que debe saberse. Como su propio nombre indica, la paja de plástico es un plástico más dentro de la gama de los plásticos. Eso no me lo podrá negar nadie, por mucho que estemos en campaña electoral.

-Se dice precampaña.

Será 'pre' o será 'pra', pero yo, por las trazas, la veo campaña campaña. Pero esa es otra historia. La paja de plástico es como una bolsa de plástico, solo que más pequeña. Y si juntas una y otra y otra, hasta reunir un capazo de pajas, acabarán (como el resto de los plásticos) en el mar. Y del mar pasarán al estómago, o comoquiera que se llame, de los peces. Y del boquerón, al ser humano. O sea, que la misma paja que usted ha chupado y rechupado para tomarsse un refresco de limón, regresa antes o después al lugar del crimen. Pero no en calidad de paja, sino de pseudoalimento, a ver si me comprende usted.

-Desde luego, caballero.

No. Ni desde luego, ni nada. Es terrible.