Volver a empezar

El Mar Menor o el enfermo que siempre recae

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

La transparencia se reduce, se dobla la turbidez, baja la salinidad y la clorofila casi se multiplica por cuatro en las últimas semanas». ¡Vaya un mensaje gracioso para inaugurar los calores!

Por lo que estamos viendo (y también por lo que se adivina), da la impresión de que el Mar Menor se ha convertido, lo mismo que nuestro inefable Real Murcia, en un crónico. Lo que se llama un enfermico de por vida. En ninguno de estos dos casos (que tienen que ver con las mejores querencias murcianísticas) encontramos que nuestro amor hacia ambos sea correspondido. Mientras los vecinos valencianos presumen de tener más banderas azules que nadie en su litoral, en el pequeño mar murciano no ondea ninguna. Y eso que, como mero fenómeno de la Naturaleza, le correspondería un sobresaliente 'cum laude'.

Pero, ¡ay!, la mala mano del hombre lo reduce, una y otra vez, con una insistencia dramática, a un gran charco de agua salada que no levanta cabeza. Marineras plumas expertas en la materia nos transmiten -casi todos los días- análisis, experiencias, lamentos, consejos, propuestas y, en fin, navegaciones científicas y literarias sobre el mismo preocupante particular. Y cuando ciertos síntomas nos llevaban a creer que se habían producido mejoras importantes, una nueva e inesperada lluvia de datos adversos nos coloca delante de los ojos el regreso a una realidad fea y deprimente.

Nuestro viejo Mar Menor, que es miniatura de la mar grande, sigue produciendo los inigualables langostinos, cuya cosecha se tiene esta temporada por excelente, pero las aguas soportan deterioros notables. Pierden salinidad y transparencia, ganando a la vez clorofila en exceso. Los indicadores han dejado, en pocas semanas, de sernos propicios. Y ya estamos, como en la película de Garci, regresando una vez más al eterno y cansino 'begin the beguine'. ¿Cómo lo bailaremos esta vez? ¿Saldremos por fin airosos del intento? Nadie nos lo asegura. La brisa trae un murmullo de rumores poco inteligibles que no presagian buenas nuevas. Conforme pasa el tiempo, las esperanzas de tanta gente que mira y admira el pequeño mar, pierden vigor y se difuminan hasta morir en los contornos, como mueren en la orilla insignificantes olas decepcionadas.

Y uno, impotente, haciendo literatura barata. ¡Anda ya!