La visita de la puta DANA

Y esta horrible película, ¿será desde ahora de reestreno?

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Lo que ha pasado (y está pasando aún) se va a repetir en lo sucesivo, igual que se repiten esos huracanes del Atlántico, cuya destructiva cola nos golpea también últimamente a nosotros? La gota fría, la DANA, el desastre o como queramos llamar a esta locura de los elementos desatados que tanto nos aflige, ¿han venido, si no para quedarse, sí para volver a visitarnos de cuando en cuando? Quién te dice que no lo harán, cuando estamos asistiendo a la pasividad suicida de quienes gobiernan el mundo, ante unos sucesos meteorológicos que cada vez son más y peores.

La entera Región de Murcia amaneció ayer mostrando, en el centro mismo de la capital, una estampa que por desgracia no es nueva, pero sí igual de inquietante que en otras inundaciones igualmente históricas. La imagen del río a punto de desbordarse y una máquina intentando retirar los arrastres retenidos en el puente de La Fica, circuló ayer a través del móvil. Y, junto a esa, otra foto mojada por el sarcasmo, en la que se ven dos manos (con el pulgar hacia arriba) a punto de hundirse en el agua, y un letrero que dice: '¡Estoy bien!'.

A pocos metros de allí (en la avenida que podríamos retitular goyescamente del 2 de Mayo), el Auditorio donde vive la Cultura soportaba el peligro (y tan inmediato) de quedar afectado por un Segura salido de madre. La imagen da que pensar. Si, como parece, el desastre que nos ha aguado la fiesta tiene que ver con el cambio climático, esa estampa que nos muestra la brutalidad de las aguas amenazando el monumento al Espíritu, constituye un atentado contra el Sentido Común.

Y lo peor es que nunca nos quedará París, contrariamente al Rick de 'Casablanca'. Porque aquella reunión (tan hipócritamente publicitada) de notables mundiales comprometiéndose (con la boca pequeña) a frenar el deterioro climático, se queda finalmente en vergonzosa recordación. Mal futuro tiene un planeta cuyos capitostes más encumbrados no se conmueven, ni siquiera con los ¡setenta mil incendios! que han asolado la Amazonia.

Si proponíamos el 'oremus' al término de la crónica del primer día asustante, hoy toca dirigirse a tantísimos damnificados, con un entrañable 'pax vobiscum'.