¡Que viene el G-5!

Se teme que las cocinas sean campos de batalla

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Decía que conviene atarse bien atado el alpargate, pues (igual que vino el temporal Miguel) los claros clarines anuncian ya la llegada del G-5.

-¿Sabe si viene soterrado?

Todo lo contrario. El G-5 aparecerá bajo un sol de esos que llaman de justicia. Para que todo el mundo ('cuanti' más gente, mejor) lo conozca y se beneficie de lo último que ofrece el fenómeno informático que nos ha tocado en suerte disfrutar.

-O padecer.

¡Decir eso es ir contra a Historia, jefe! Lo informático se nos vende como algo de primerísima calidad y, principalmente, de extrema novedad. Es el resultado de los partos de esa matrona llamada Cibernética. Aunque, en esto de qué es y qué no es 'último grito', hay opiniones divergentes. Algunos sospechan que tienen inventado mucho más de lo que nos dicen. Pero no quieren sacarlo todo a la vez por exigencias del márquetin, que es quien manda.

Comentan que GES de estos tienen ya fabricados hasta el G-20. Pero las van echando al mercado poquico a poco. De ese modo, estirando la longaniza, se le saca al negocio mucho más beneficio que si nos vendieran de una vez todo el material. De todas maneras, lo que trae el G-5 es la leche. Por lo visto, además de ofrecernos una comunicación todavía mejor entre persona y persona, los aparatos podrán comunicarse también los unos con los otros.

Por poner un ejemplo, el friegaplatos (en sus ratos libres) hablará con el frigo. Y este, si quiere, le responderá adecuadamente. No sabría decir si esos diálogos serán audibles para los humanos. Supongo que habrán regulado eso de alguna manera. Sería tremendo que todos los electrodomésticos de una cocina (incluida la cocina misma) se pusieran a charlar a la vez. Y encima (esto ya me lo imagino yo) empleando esa voz metálica, tan desagradable, que es propia de los artilugios parlantes construidos por el hombre, como es el caso de los robots.

Me figuro que no se pelearán entre ellos. Porque, si empiezan a tirarse las cosas a la cabeza, nos llevarán a la ruina. No quiero ni imaginarme cómo quedaría la cocina después de una trifulca.

-¡Pues no que me están entrando ganas de morirme!