Veinte años sudando el euro

Lo van a descabezar, cuando lo ideal sería limpiarle los zapatos

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Como en estos tiempos se conmemoran incluso las tontadas, ahora toca celebrar el veinte aniversario del euro. Coincide esta sosa efeméride con el tajo que acaban de darle por arriba. El Banco Central Europeo pretende retirar de la circulación el billete de quinientos, por considerarlo dañoso para la buena salud tributaria.

-Dígame, jefe. ¿Cuánto hace que no ve usted 'uno de los grandes'?

¡Uf! Casi ni me acuerdo. Los últimos que me eché a la cara fueron los que trincó la Guardia Civil a unos narcos. Si tú enseñas (por casualidad, claro) uno de quinientos, la gente te mira como si fueses un delincuente. Ocurre algo parecido con el de doscientos. Y hasta con el de cien. El rey del mambo es el de cincuenta, a pesar de que no siempre te lo cambian, pues lo tienen por excesivo.

Pero cada vez menos. Los tiempos cambian y hoy son más cambiantes que nunca.

-Ya. Aunque (en la objetiva realidad) es lo que decía Lampedusa: «Que todo cambie para que todo siga igual». Pero yo iba a otra cosa. Me refiero a que han descabezado al euro, cuando lo que deberían hacer es mejorarle los pies. Aludo a su calderilla, que es muy engañosa.

En los últimos años de la peseta, los diez céntimos no valían prácticamente nada. Sin embargo, reinando el euro, son una pasta. Estamos hablando de algo más de dieciséis pesetas y media. Sin embargo, le das una moneda de esas a un pobre de pedir, y es que te da vergüenza. A la de diez, el dorado que luce le otorga una cierta presencia. ¿Pero qué me dice el lector de las de uno, dos y cinco céntimos? Son piezas de color mierda, insignificantes, que se ponen negras en cuanto que las manoseas una miaja. Pura matraca. Hasta te entran ganas de tirarlas. Lo cual sería de locos, pues, si te fijas, un centimico de nada supone algo más de peseta y media. Y cinco céntimos equivalen a ocho con treinta y dos pesetas.

-Entonces, ¿qué sugiere?

No sugiero, sino que propongo a la autoridad que dignifique ya mismo esa calderilla cobriza, mejorándola en peso, volumen y color.