El trato

Acapara estos días la política, convertida en un mercado persa

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

El trato es cosa antigua. Cuando el hombre primitivo (los Picapiedra y tal) se bajó el mazo del hombro para usarlo solo en caso de necesidad, el acuerdo entre individuos tomó carta de naturaleza. Estos días, la política española anda en tratos. Están viendo a ver cómo se las apañan para acordar un reparto del poder que sea justo y benéfico para el ciudadano.

-Y para el tratante.

Hombre, claro. Tenga en cuenta que, también en el negocio político, todos los intervinientes tienen derecho a una parte del beneficio, que algunos llaman sacrificio. Más que nada porque, en la teoría, el papel del político es servir a los demás. Y eso, quieras que no, exige dedicación y esfuerzo.

Al trato político se le llama pacto. Bien, vale. Pero, en la realidad, apenas se diferencia del trato de toda la vida. Me refiero al que tiene lugar en plazas y mercados. Incluso si hubiere semovientes de por medio. Al fin y al cabo, todo se reduce al viejo: «Si tú me das una cosa a mí, yo te doy una cosa a ti». Un trato puede durar cinco minutos, pero los buenos son aquellos que se prolongan durante mucho tiempo. Un ejemplo de trato largo y complicado lo tenemos en el que se traen la Gran Bretaña y la Comunidad Europea, a propósito del dichoso 'Brexit'.

Algunos ciudadanos se pasman al ver cómo los tratantes trampean, dicen una cosa por otra, juegan al despiste y dan la sensación de no ser gente seria. Comprendo que se escandalicen (sobre todo si ven telediarios en exceso), pero el cachondeo es lo que manda en los tratos con pedigrí. Sin trapicheos y demoras en la discusión (hasta el punto de cansar incluso a las gallinas), no hay trato digno de ese nombre.

-Lo que pasa es que el tratante de toda la vida llevaba blusa y gorra.

Eso es verdad. Pero tenga en cuenta el lector que, últimamente, el atuendo y acicalamiento de los políticos ha cambiado que no veas. Seguro que alguno habrá que vista y luzca como el tratante arquetípico. Hasta los habrá que lleven garrota. Si no en la mano, en la imaginación.

Y esto es lo que hay. De momento.