Contra el temido alzhéimer

La medicina oficial propone la misma receta que para estar guapo

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

El miedo a las enfermedades es libre. Pero lo cierto es que algunas asustan más que otras. Una temible es el alzhéimer. Sus efectos no implican solo al enfermo. Incluyen igualmente (incluso en mayor medida) al familiar encargado de cuidarlo. Ello se debe a que este último posee una consciencia lúcida y, por lo tanto, la situación le resulta más perturbadora, si cabe. De ahí que también estas personas requieran una protección. Quiero decir que no solo hay que cuidar al paciente sino, llegado el momento (que no tarda mucho en presentarse), al propio cuidador.

La Organización Mundial de la Salud anuncia que los casos de alzhéimer se multiplicarán por tres, desde ahora hasta el 2050. No deja de ser una progresión que te pasma por apabullante.

-Tampoco hay que exagerar.

Por desgracia, quiero creer que no estoy exagerando. Apabullarse es (como recoge el diccionario) «sentirse [una persona] impotente o confusa ante la superioridad de otra o ante un asedio al que se ve sometida». Ni que decir tiene que el del alzhéimer es un asedio con muchas y muy malas repercusiones. Esto es algo que, hoy por hoy, no lo discute nadie.

Prueba de que, en estos momentos, no hay expectativas demasiado claras, lo tenemos en las recomendaciones de la OMS. Son las mismas que se le harían a un hombre (o mujer) que buscara estar guapo. O sea, sano y de buen ver. Se nos explica literalmente que «para reducir el riesgo de padecer alzhéimer, se recomienda hacer una vida que incluya deporte, seguir la dieta mediterránea, no fumar y reducir el consumo de alcohol». ¿Hay alguien que no deba apuntarse a seguir estas recomendaciones, aun cuando no existiera el alzhéimer?

Que levante el dedo quien pretenda llevar una vida ordenada dándose a la cerveza, el whisky y demás familia. O echándole a la andorga comida basura. O pasándose del sillón a la cama y de la cama al sillón, sin menear mínimamente los pinreles. Y añado yo: o enchochado con la tele y las frivolidades del móvil.

Volviendo al consejo de la OMS: «Por decir algo» sería el colofón que le ha faltado escribir a la oficialidad en su poco original receta.