¿Estamos seguros?

Sobre si se puede o no consumir un producto caducado

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Los hay que no se arredran a la hora de meterse en el cuerpo un producto caducado. Sobre todo desde que se presentó la jodida crisis de 2008. Quienes buscan alimentos en los contenedores, comoquiera que a la fuerza ahorcan, no tienen en cuenta la fecha que aparece en el envase. Por la misma razón de necesidad, tampoco se paran a pensar si consumirlos puede provocarles daños en la salud. Es verdaderamente lamentable.

También en los hogares -donde la circunstancia económica pinta mejor- existe cierta despreocupación con este tema. Hay personas que ingieren una mercancía caducada, porque entienden que todavía queda un margen de varios días o incluso una semana. Sin embargo, la opinión de aquellas personas que conocen bien el tema es terminante. Hace poco, la presidenta de la Federación Murciana de Amas de Casa manifestaba que «hay que incidir más en el consumidor, para que tome conciencia del peligro de ingerir un alimento sin respetar su caducidad». Por lo que cuenta, no es aconsejable la prórroga. Veo razonable pensar que, si te tomas un yogur durante las veinticuatro horas posteriores a su fecha de caducidad, no pase nada. Ahora bien, a partir de ahí, sospechamos que pudiera ocurrir cualquier cosa y no buena.

Dicen las encuestas que más de la mitad de las familias de la Región (el cincuenta y siete por ciento) consumen alimentos caducados. La verdad es que la cifra es alta. Ignoro cuáles puedan ser los perjuicios que se causan a la salud. Hay que suponer que, cuanto más te pases del plazo fijado, el peligro será mayor. En lo que afecta a la 'fecha preferente de consumo' que figura en algunas etiquetas, saltársela quizás no te haga enfermar, pero podría modificarse el sabor o la textura de lo envasado.

Visto lo visto, no estaría de más que voces autorizadas nos informaran, con algún detalle, sobre los perjuicios de consumir fuera de plazo. Más que nada para que el consejo de la Asociación de Amas de Casa (en el sentido de abstenerse de zamparse un producto caducado) tuviera la fuerza que en rigor le corresponda.

Ponerse malo solo por ahorrarse algún euro, no creo que sea un buen negocio para nadie.

 

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