Cuando pusieron Murcia flores arriba

El paseante no salía de su asombro, ni sabía cómo explicarlo

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Lo mire como lo mire, veo que es cosa de admirar asomarse a una ciudad y que la veas florecida. Digo realmente florecida, no en el sentido figurado de la ficción literaria, por medio de la cual es el ambiente tibio y el olor del azahar lo que te hace ver flores donde no las hay, porque las sientes por dentro.

En lo tocante a la Murcia de estos días, la floración que tiene lugar en calles y plazas (incluso de una forma aérea en Platería y Trapería) es real como la Naturaleza misma. Puedes si quieres cortejar las flores. Pero, ojo, nada más que rozándolas, mejor que toquetearlas o llevártelas furtivamente a casa (el lector ya me entiende). Cualquiera puede hacer buena o mala poesía del paisaje urbano así enriquecido. Pero no hay necesidad de ello, ya que el poema se nos aparece plantado aquí y allá. En muchos casos, arraigado al terreno. Todo un catálogo de flores que componen el libro abierto de la botánica más abundosa en colores y aromas.

El turista (tanto el que viene de fuera como el de aquí de la zona), mientras lleva a cabo su contemplación tranquila del florido paisaje, puede componer sus propios particulares versos. Insisto: sin metro, ni rima, la mayoría de las veces. Serán versos malos, pues no abundan los poetas tanto como los iPhones...

-¿Ha dicho los sifones?

¡No, coño! Los sifones se marchitaron. Hablaba de los móviles, casi tan infinitos ya como las arenas del mar.

Decía que los versos propiciados por las flores que inundan Murcia no tienen por qué ser buenos. Lo suyo principal no es la forma, sino su propia sustancia. Pues lo que justifica nuestra historia es que la floración urbana de estos días está basada en hechos reales.

Ya solo le faltaba al cuadro -junto a los músicos habituales de acordeón y violines- el vibrar de los pianos que plantarán en plazas y recintos (como búcaros melódicos en un mar de hortensias), el sábado segundo de mayo, precisamente por San Florencio.

Así es que recordaremos por siempre cuando pusieron Murcia flores arriba. Por la sencilla razón de que estuvo muy bien traído, señor alcalde.

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