¿La posverdad? Una mentira emotiva

Los frescales de este mundo prgarcia martinezocuran servirse de ella

GARCÍA MARTÍNEZ

Aprovechándose de los tiempos que ahora corren, una palabra nueva, la posverdad, se ha hecho viral, según los advenidos. Es un término confuso y difuso, por lo que resulta complicado saber qué diablos quiere decir. Pero eso no quita para que viaje por las redes con una autoridad que no le corresponde.

El diccionario la tiene por «distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública». Hablando mal y pronto, un camelo. Otra definición más literaria la presenta como una mentira emotiva. O sea, algo no cierto, expresado con una convicción teatrera, para ver si cuela.

Buceando en internet, busco ansioso algunos ejemplos, por ver de aclararnos. Que sepamos al menos de qué estamos hablando, lo mismo entre nosotros, que si tratásemos con los demás. Y todo para que no nos la metan doblada. Pues es eso (con todo lo que tiene de grosero) lo que pretenden en última instancia.

Se dice que a los británicos que votaron a favor del 'Brexit' famoso, los convencieron con unas cuantas posverdades, desde las instancias interesadas. Se les dijo que la Unión Europea había cambiado mucho últimamente, ejerciendo cada vez más control en la vida diaria de los ingleses. Y que, en vista de ello, la autoridad debería plantarse en las fronteras, para reducir la llegada de extranjeros. Algo así como: 'Britania, para los británicos'. Estas dos posverdades se encierran en una: nuestros amigos europeos no son en realidad amigos nuestros.

Diversos politólogos comentan que el señor Trump, durante la campaña que lo llevó al poder, empleó las posverdades (recordemos que son mentiras emocionadas) con mucha diligencia y oportunidad. Según los análisis en una entidad llamada Politifact, el setenta por ciento de sus declaraciones fueron falsas. Sin embargo, millares de personas las tomaron como verdaderas. La mayoría de la gente reacciona a favor cuando alguien le dice lo que desea oír, aunque se trate de una chorrada.

No es asunto nuevo. En España mismo, desde hace mucho tiempo, las mentiras emotivas se llamaban medias verdades. Lo cual pues que se entiende mucho mejor que la posverdad, cuyo uso responde a una mera moda, seguramente fugaz.