La patata no tiene quien le escriba

Y eso que se merece más literatura que el mismo huevo frito

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Hay pocos que escriban sobre las patatas, a pesar de ser un producto muy popular. En realidad, nadie las lleva al papel, como no sea para envolverlas. Yo, si digo la verdad, lo veo una equivocación. Este tubérculo (como lo llaman algunos despectiva y maliciosamente) resuelve en la práctica muchísimos más problemas que las trufas, acerca de las cuales corren si no ríos, arroyos de tinta.

-Las trufas son más caras.

Pero muchísimo más, dónde va a parar. Los huevos mismos, que suelen acompañar a las patatas, reciben más atención que estas por parte de la gente de pluma. Y, mirándolo bien, un huevo no es nada del otro jueves, pues todo el mundo dice tenerlos. Incluso ciertas damonas arriscadas.

La patata anda estos días en el candelero. Los cultivadores españoles se afanan en sacarla de la tierra y ponerla en los mercados. Por lo que sea, la cosecha de hogaño en Francia ha sido mala. De ahí que la mercancía esté siendo muy solicitada en Europa. Según me entero, se viene cotizando al doble que el año pasado. Y mire usted lo que le digo: no viene nada mal, antes al contrario, cierta alegría en la casa del agricultor. Aunque no sea este quien más partido le saca, sino el que la revende. Pero esa es otra película.

Tengo que reconocer que, aun cuando sea un hombre harto circunspecto, el expresidente Aznar tiene a su favor el mérito de exaltarla como ella merece. Fue este político el que inventó aquello tan ingenioso del 'cero patatero'. La patata, quieras que no, aunque hablen poco de ella en el incomible Master-Chef de la tele, ha resuelto mucha hambruna. Solo por esto merece que se escriban prosas poéticas sobre ella. Hay cosas no tan importantes que reciben, sin embargo, nuestra atención. Me refiero a esos pactos que llenan de confusión los informativos y que nos están poniendo la cabeza loca.

No sé si el lector habrá arrancado patatas alguna vez. Yo lo hice, siendo zagal, en el patatar de un amigo. Y daba gozo verlas aparecer en la tierra nutricia, como si fueran cabecicas de recién nacidos. Unas más gordas y otras menos.

-'Dende' luego.