La mujer que baila

Pobre señora May, que no tiene quien le escriba

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

¿Y cómo es que escribe usted sobre May -pregunta el lector-, sabiendo que un trasvase desde Inglaterra es algo imposible?'».

He aquí una prueba muy evidente de la obsesión acuática que padecemos en Murcia. Con lo difícil que sería que nos mandaran caudales desde la Gran Bretaña -una misión ciertamente complicada- y ya ve usted con qué naturalidad se manifiesta a ese respecto un murciano de los de toda la vida. Las gentes de por aquí llevamos metida la cosa del agua hasta en las criadillas. De todas formas, hoy por hoy, la señora May no está en situación de mandarnos nada.

Digo 'la mujer que baila', aun cuando bailar no sea lo suyo. Acordarse de aquel día en que, mientras se acercaba al atril para responder a la canallesca, quiso hacer como que bailaba, pero, nada, con muy malos resultados. No diré que estuviera ridícula, pero casi.

A mí, la pobrecita señora May (Mayo para los amigos), viéndola tan agobiada y yendo de un lado para otro aguantando el tirón del 'Brexit', tan cargada de hombros y de problemas (que no son suyos, sino del Imperio), me produce una cierta ternura. Como siga así, cualquier día habrá que llevarla directamente del Parlamento al hospital. No quiero ni imaginármela despachando con la reina, sin tener a la mano algo bueno que contarle. Qué situación tan embarazosa, ¿verdad usted?

Encima de todo, el líder de corte laborista (uno al que le dicen Jeremy Corbyn y que es algo estrambótico) la tiene tomada con ella. No solo le desbarata las votaciones, sino que le ha puesto una moción de censura, como le hizo Sánchez a Rajoy.

Se me ocurre que algo deberíamos hacer a su favor. Aunque ella no sea de aquí, ni se le vea con ánimos de enviarnos una sed de agua. Digo un algo en forma de homenaje. Quizás una manifestación, pero no solo feminista, pues también deberíamos enrolarnos los feministos. Primero de todo, porque es de justicia; segundo, porque quién te dice que no vamos a necesitarla en un futuro para lo del agua; y tercero, porque si lo del 'Brexit' sale mal, también a nosotros nos irá mal.

Tres razones que no son baladíes.