La 'moral del pedo'

Es la que aplica Ferlosio a unitaristas y autonomistas

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

A la moral de la identidad, en fin, acaso el nombre científico que mejor le cuadre sea el de 'moral del pedo', pues la condición particular del pedo es tal vez la figura más capaz de definir con plena exactitud la situación, en la medida en que la escrupulosa selección de lo genuinamente propio y el riguroso rechazo de lo extraño por los que se distingue la actuación de la moral de identidad, en ninguna otra imagen podrían estar mejor representadas que en el pedo, a cuya esencia igualmente pertenece la rara condición de que nos complacemos en al aroma de los propios tanto como nos causa repulsión el hedor de los ajenos».

Esta olorosa reflexión no es de mi cosecha, pero podría asumirla. Sobre todo en lo tocante al tema pedo, al no tratarse de una cualidad o defecto (según se mire) que este servidor se resista a trasladar al papel impreso.

-El pedo ha aparecido ya en otras zarabandas suyas.

Correcto. Lo que hace Ferlosio es servirse de la flatulencia para comentar la tirria que se tienen el nacionalismo de provincias y el unitario nacional, si puedo llamarlos así. A mí me interesa en este momento (que es ya un momento post-electoral) partir del pedo para generalizar y sorprenderme de cómo el humano que llevamos dentro aprecia lo sucio propio y repudia lo sucio ajeno. Quien dice en el caso del pedo, dice en el de otras actuaciones igualmente inmundas.

Vayamos (y hagámoslo sin pañuelo a la mano) al asunto de las moquedades, que nada tienen que ver con las del Cid. Hay quienes (y no solo durante la infancia) se comen los propios mocos -o hacen bolitas y las arrojan-, mientras que potarían ('gosarían', del verbo 'gosar', como se dice en Jumilla) si eso mismo tuvieran que hacerlo usando moco foráneo. Igual ocurre con otras excreciones y secreciones propias del mundo animal, en el que también nosotros militamos. Esto se debe, según el dicho Ferlosio, a que tanto a los hombres como a las mujeres nos entusiasma rendir culto a San Simismo. Así, pues, este escritor fallecido hace poco sugiere que el autonomista y el unitarista (aunque con advocaciones diferentes) veneran ambos al mismo santo.