Los molinetos

Dícese de ciertos aspaventeros que te achuchan en la carretera

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Molinetos somos todos. Cuando vas al volante, si otro conductor actúa de forma que, a tus cortas luces, consideras que el tío está fuera de norma, lo corriente es que hagas aspavientos con los brazos, como esas molinetas de los campos que giran movidas por Eolo. A eso se le llama (o lo llamo yo) ejercer de molineto.

El gesto es peligroso. Para uno mismo y para los demás. Ser molineto te lleva a reaccionar como tal, ante cualquier incidencia en la conducción. Se entiende que respondes estimulado por el mal comportamiento de otros. (Si digo 'de otros' es porque, generalmente, cada quien tiene de sí mismo una opinión excelente. Lo cual da por hecho que nunca se equivoca).

Hay molinetos que funcionan como tales asistiéndoles toda la razón del mundo. Pero incluso así los tengo por temerarios. Cuando manejas un coche, lo más conveniente (sobre todo para la buena marcha) es que las manos estén en todo momento en su sitio. Si tú, aunque sea con toda la razón del mundo, las usas en plan aspaventero, como si clamaras al cielo por lo mal que se comporta otro conductor, te estarás poniendo en riesgo. A ti mismo, a los que viajan contigo y a los que circulan en tu entorno más próximo. Comprendo que llevar las manos en el mismo sitio (me refiero al volante) durante todo lo que dura el viaje, puede resultar cansino. Pero para algo están los bares de carretera. Cuando los hay.

Hablamos de quienes hacen la molineta justificadamente. Incluso así no lo veo correcto. Pero lo que de verdad jode es que alguien ejerza de molineto sin razón. Pongamos que tú circulas en línea continua. Y a treinta, porque así lo exigen las señales. El que viene detrás casi te muerde la culera con el morro, pidiendo guerra. Comoquiera que tú no aceleras (escarmentado porque te multaron en ese mismo trayecto), observas por el retrovisor cómo el molineto hace girar sus aspas, completamente fuera de sí. Es entonces cuando ya resulta disculpable que, con todo el respeto del mundo, le grites aquello de: '¡Váyase usted a la mierda!'.

Comprendo que está feo, pero los aspavientos del molineto sin causa están todavía peor.