Melón de agua

Llamado también sandía, verdea triunfante en los campos de Lorca

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

A mí me enseñaron de zagal que ese fruto gordo y verde, lisico por fuera y colorao por dentro, se titula melón de agua antes y mejor que sandía. Se diferencia así del melón propiamente dicho, de piel más o menos rugosa y de interior amarilloso, por así decirlo. Lo de melón de agua, yo lo veo bien, pues contiene mucha más liquidez que su hermano, al que se conoce también como 'de olor'. Huele este a una suavidad que le concede categoría de perfume cabal. Lo mismo ocurre con la fragancia fresca de la sandía, pero suele ser más liviana.

Pensaba yo, siendo un chiquillo, que el melón de agua se llamaba así por su cercanía a un popular artilugio de las Ferias y Fiestas de la postguerra. Me explicaré. Cuando tocaban días de vino y aligustre en Jumilla, mediado agosto, en el ángulo mediodía-levante de la anchurosa plaza donde luce, redondo, el Jardín del Rey Don Pedro, se instalaba La Ola. Era una distracción muy deseada, que arrinconaron después otros chismes aún más aparatosos. A pocos metros se amontonaban cientos de melones de agua. Puede que una cosa así ocurriera solo en mi pueblo, pero desde entonces ya no he podido imaginar La Ola sin su montaña melonera al lado.

El melón de agua, sobre todo si está fresco, es quizás la delicia más representativa del largo y cálido verano. La costumbre, al menos entre los chiquillos, era comerse las tajadas a todo lo que daba de sí el mordisco. El caldo corría alegre desde las comisuras, bajaba por manos y brazos, y en llegando al codo goteaba, ora en el hule, ora en los calzones. En aquellos entonces, el calorazo merecía la pena por el melón de agua y La Ola.

Conviene saber que, aquí al lado, los campos lorquinos producen cien millones de kilos de sandías. Es prácticamente la cosecha de toda la Región. Con los calores que nos están agobiando estos días, al incondicional consumidor que soy se le figura Lorca un manantial de zafiro envuelto en esmeralda. Solicito por tanto, con la debida formalidad, que el melón de agua y quienes lo hacen posible sean declarados Bien Material de la Humanidad.