El Jumilla ficha a un chino

Gao Lei nos rompe los esquemas a los zagales de la postguerra

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Quién me iba a decir a mí que algún día ficharía el Jumilla a un chino. Eran los años cincuenta: postguerra pura y dura. Y yo, un zagalico que acudía al estadio de San Juan, en el Rollo. Todos los jugadores eran locales, salvo alguna rara excepción, como el portero Garrido, que nos lo cedió el Real Murcia.

El once titular lo formaban jóvenes entusiastas que, durante la semana, trabajaba cada uno en lo suyo. En la tienda de tejidos, en la carnicería, en la bodega y hasta en el Instituto Nacional de Previsión. Ellos conformaban la alineación de aquel esforzado Jumilla FC, unas veces en Regional y otras en Tercera. No han cambiado los colores: blanco y azul, como la enseña jumillana, pero el viejo escudo devino triángulo.

El terreno de juego no verdeaba. Ni césped artificial, ni menos todavía natural, sino tierra afianzada por el rulo. Para hacerlo más asequible, media hora antes del partido lo regaba un camión-tanque. Al secarlo el sol altiplano, mostraba una superficie tan lijosa que, cada vez que un contendiente caía al suelo, lo despellejaba y le hacía sangrar. El botiquín de Semitiel (practicante en la vida real) no daba abasto.

Recuerdo algunos nombres que formaban aquel Jumilla heroico: Cándido, alias 'El Sordo', guardameta anterior a Garrido. Temerario a tope, hacía estiradas hasta chocar peligrosamente contra uno u otro poste. Banderas siempre fue defensa central. Y luego estaban Antoñito, Pineda (que se ataba las gafas con una cinta), Machuca, Pericales y demás. Los equipos adversarios eran de la zona. No había desplazamientos largos y costosos. Venían de Cieza, Yecla, Totana y similares. Los zagales de entonces coleccionábamos los cromos de los futbolistas de Primera, pero estos del pueblo (y para el pueblo), tan cercanos, nos tocaban el corazón y provocaban nuestra adhesión incondicional.

Cuento todo esto para que se vea, como señalé al principio, que a nadie se nos pasó por la cabeza (con Franco todavía inhumado) que alguna vez llegara al Jumilla, como dicen que va a llegar ahora, uno llamado Gao Lei, que es completamente chino. Ni imaginado, ni soñado.

Para que se vea que hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad.