Los ingleses murcianos

Ahora que nos habíamos acostumbrado, empiezan a irse

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Dicen quienes llevan estas mediciones que, en los últimos cinco años, la provincia de Murcia se ha quedado sin cuatro de cada diez residentes británicos. Y no tanto porque se hayan muerto (algo probable, pues muchos son jubilados), sino porque han regresado a su país.

No es una buena noticia. Hace años, cuando llegaron a España los primeros turistas, muchos españoles los veíamos como bichos raros, habituados como estábamos a reservarnos la pureza para nosotros mismos. Al principio, no digo que nos molestara verlos tan rubios, con ojos azules y calzones cortos, comiendo paella para cenar. No era molestia, sino extrañeza. Como si se te hubiera metido una china (pero pequeña, tampoco nada notorio) en el zapato.

Tras la llegada masiva de extranjeros, todo ha cambiado. Desde entonces (cuando se celebraba con fastos la aparición del 'Turista Un Millón') se nos quedó grabada la imagen de que el turista por antonomasia procedía de Inglaterra. «Mira, un inglés», nos decíamos a nosotros mismos, viendo venir al extranjero. Poco a poco nos fuimos haciendo a tenerlos entre nosotros todo el año. Y nos daba gusto verlos, haciendo esfuerzos por hablar castellano, empatizando como si nos conocieran de toda la vida y comprando en el mercado habas de esas gordas y duras para hacer michirones. Nos sentíamos bien teniendo a mano un inglés (o una inglesa, 'of course'), sin que lo de 'Gibraltar español' fuera ya un obstáculo.

No pocos de ellos se hicieron españoles. Algunos habían llegado a serlo en la misma medida que un tío tuyo o un cuñado. Alguno hasta se hizo (lo hicimos) concejal. La cosa era que no pocos decidieron quedarse a vivir aquí todo el año. Se integraron hasta el punto de decir 'venemos' en lugar de 'venimos', mostrando una simpática evolución hacia lo castizo huertano. El paisaje los reclamaba ya como imprescindibles.

Pero la estadística viene y nos cuenta que ahora se nacionalizan menos. Y que los residentes van dejando de residir. Comoquiera que a todo se acostumbra uno, este irse para siempre produce en nosotros una cierta desazón. Quiero decir que nos deja un mal sabor de boca. Yo, la verdad, no quiero creer que sea por el jodido 'Brexit'. ¿Y usted?