El futuro no pinta gracioso

Antes de ochenta años, estas DANAS podrían ser huracanes

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Me supongo yo (visto que el día de hoy me ha sorprendido en plan optimista) que los próximos ochenta años son tiempo suficiente para afrontar con éxito el enorme problemón climático.

-¿Qué es lo que le pasa ahora? ¡Es que aún no hemos salido de una y ya está usted dando el pasmo con otra!

Bueno, yo, si quiere el lector, lo dejo. Pero ocurre que a mí también me achucha lo que se dice por ahí. No digo la opinión de un indocumentado, sino de estudiosos e institutos que son de fiar. Hacer caso a cualquier cantamañanas, que solo pretende alarmarnos (encima de lo mal que lo está pasando tanta gente con la dichosa DANA), sería de tontos. Yo me atengo, sin embargo (aun a riesgo de ponerme pesado) a lo que nos cuentan científicos de la Universidad de Castilla-La Mancha, en colaboración con la de Pricenton, radicada en los Estados Unidos.

Casi no me atrevo a seguir con esto, pues no quiero que me llamen alarmista. Pero, según esas fuentes, «existe el riesgo de que tengamos huracanes en el Mediterráneo a finales de este siglo». Cuando decimos en el Mediterráneo, estamos diciendo aquí mismo. Y añaden: «El calentamiento global agravará la potencia de las actuales DANAS, que podrían alcanzar las categorías de los ciclones que arrasan el Caribe».

Que vaya a ocurrir así, pues, mire usted, yo soy lego y lo ignoro. Pero lo menos que podría hacerse (y preferentemente desde ya) es pedir que se contrasten los estudios de unos y otros, hasta alcanzar datos que sean seguros o de muy alta probabilidad. Y ese papel corresponde (así lo vengo repitiendo tozudamente) a quienes nos mandan. A los gerifaltes de todos los países del mundo o, por lo menos, de los más importantes. Me refiero a instancias que se pongan a trabajar y que informen con verdad a los paganos que somos nosotros. Es decir, a esos mismos que -en Murcia, Valencia, Castellón, Alicante y Almería- tratan de salir del barro con el que los ha mortificado la Gota o DANA o como quieran llamarla.

Ochenta años no son demasiado. Si veinte, según el tango, no son nada, ochenta equivalen solamente a cuatro veces veinte.