El fantasma de Camarillas llama a tu puerta

Recrecer el viejo pantano pudiera durar otros mil años

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Los murcianos hemos convivido durante largo tiempo con la temática de Camarillas. Hasta que, por fin, han enderezado las vías que bordeaban el embalse del mismo nombre. Y, para satisfacción de muchos, les han colocado encima un par de trenes de los que llaman híbridos.

-¿Pero a mala leche?

No, hombre. ¿Por qué dice usted eso? Claro, estamos tan hechos a que las cosas nos vayan más mal que bien, que terminamos por verlo todo negro. Los híbridos, a pesar del nombrecico (a pesar, también, de que no pasan por la estación de Calasparra), casi, casi sustituyen al dichoso AVE, visto que no acaba de llegar nunca. (Según cuentan, en cosa de tres horas y media te sitúan en Madrid).

Cuando ya pensábamos que no sufriríamos más con Camarillas, resulta que no es así. Ahora tenemos que vérnoslas con el recrecimiento del embalse. Se trata de un proyecto viejo, que tampoco ha tenido suerte. Ahora que, por lo visto, las vías ya no molestan, podríamos conseguir que almacenara cinco veces más agua de la que almacena. Pero tenemos que al Gobierno central no le produce ningún entusiasmo acometer la obra. Y, además de eso, hay quienes se oponen, como pasa siempre que Murcia aspira a disponer de agua. Hablamos de los que mandan en Castilla-La Mancha y de algunos pueblos, como Hellín. Vienen a decirnos que ya tenemos bastante con el Cenajo.

Todo esto hace que el fantasma de Camarillas -que nosotros creíamos definitivamente ido- se nos vuelva a aparecer. Aunque sea metido en diferente sábana. Era un tema durmiente -la presa fue construida allá por la II República- y ahora venimos obligados a soportarlo durante mil años más, como ya sucedió con la Variante famosa. Pero no hay que cabrearse, creo yo. Los de Murcia estamos acostumbrados a vérnoslas con proyectos y promesas que tardan siglos en hacerse realidad. O no se culminan jamás. Si nos quitan también la esperanza, ¿qué nos queda?

-Mirándolo bien, nada.

Entonces, mejor será que nos mantengan entretenidos con el 'yo te daré', a tener que aceptar, ya desde el principio, un decepcionante 'allá te pudras'. Quizás sea este el sino de nuestra murcianística existencia.