Embarrados hasta el cuello

Los voluntarios corren a Los Alcázares y el obispo los elogia ante la Patrona

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Otros, además de los vecinos, se embarraron hasta el cuello. Lo resaltó en la misa de la Fuensanta (este domingo en la Catedral) el obispo Lorca Planes. Compuso, delante de la Patrona, una confortante imagen de generosidad solidaria, para referirse (encomiándolos) a los mil quinientos voluntarios que acudieron a Los Alcázares. «Para hacer su vida más fácil -añadió con emoción el prelado- a los que han perdido hasta los sueños». En mejor ocasión, hace justo un mes, el viaje fue para celebrar la Semana Internacional de la Huerta y el Mar.

Donde hoy reina el desastre, hubo entonces pan y vino en los ventorrillos de la Rambla (tenebrosa palabra), pregón de exaltación huertana, rendimiento de honores a otra Virgen (y, sin embargo, la misma): la Asunción, patrona del lugar, con misa mayor por la mañana y otra para rezagados, no tan solemne, a la atardecida. Pasearon la imagen por calles pintureramente acicaladas. Hubo bailes típicos. Y cantó Curro Piñana.

Una estampa, en fin, muy nuestra: de la orillica del río a la del Mar Menor. (Si no del todo cristalino entonces, tampoco hecho un lamentable lago de aguas turbias, como nos lo ha dejado esa pervertida a la que llaman Gota Fría). Seguro que algunos de aquellos romeros -y principalmente los vecinos del marinero lugar-, en instantes fugaces de reflexión improvisada, recordaron las malas horas, por trágicas, que trajeron las inundaciones solo tres años antes. Pero quién iba a pensar que volverían multiplicadas (también por tres) antes de que pasaran treinta días.

Me creo que ha sido el alcalde (o quizás un perjudicado de a pie) quien dijo por la tele que Los Alcázares (sépanlo las altas instancias políticas), ni puede, ni debe ser el embudo de todas las aguas descontroladas. Si la veleidosa y brutal dama Dana que vino de visita, tuviera intención de empadronarse en el concreto Mediterráneo que baña el Sureste (a pesar de los escépticos del cambio climático), algo y no pequeño habría que hacer. Bastante más que las habituales medidas paliativas de palicos y cañicas, barrer el barro con el mocho y que la Administración firme decretillos pseudo-catastróficos de quiero y no puedo...

...para lo mismo suceder mañana.