El corralón de Madrid

Los de provincias miramos la Corte con acojone circulativo

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Cuando los llamados 'nacionales' intentaban tomar Madrid, a costa de los llamados 'rojos' (durante nuestra guerra incivil), el eslogan que hacía furor en la capital era: «¡No pasarán!». Cuando finalmente pasaron, la Celia Gámez cantaba: «¡Ya hemos pasao!». O sea que nada.

Madrid ha sido de siempre fin de trayecto o estación términi del personal de provincias. Apetecía ir a la Corte -principalmente en primavera y otoño-, aunque solo fuese para pasearla. Circular por la Gran Vía, la 'ca' Alcalá, el Retiro y la Puerta del Sol (amén de acudir a otros muy diversos lugares), siempre fue cosa apetecible. Queríamos ir a Madrid, a ver si me comprende usted, para darnos el gustazo de ir a Madrid. Por algo se decía aquello de: «Madrid es mucho Madrid» e incluso: «De Madrid al Cielo». Así ha sido desde hace la friolera de setenta y nueve años, que es cuando (terminada, por fin, la puta guerra y con Franco gloriosamente inhumado) ya podían pasar todos, lo mismo 'nacionales' que 'rojos'.

En los tiempos que ahora corren, algo huele a chamusquina en la metrópoli, también conocida por Madriz con zeta. Visto que el nivel de la contaminación atmosférica resulta a veces insufrible para los madrileños, asimilados y 'población flotante', el Ayuntamiento de la Villa ha puesto en vigor medidas hasta ahora inéditas, como la del corralito o corralón. (No hablamos (todavía) del corralito económico, sino del urbano).

El cogollo de la ciudad ha pasado a tener la consideración de 'territorio comanche', que diría Pérez-Reverte. Se trata de que, en una superficie que se mide en hectáreas, han establecido un como 'cordón sanitario' que, cuando lo traspasas con tu coche, te clavan una multa de noventa eurazos de vellón, según lo dispuesto por la 'señá' Manuela. El corral limita por arriba con Glorieta de Bilbao; por abajo, Puente de Toledo/Atocha; a derechas, Retiro/Cibeles; y a izquierda, Plaza de España.

Este asunto ha provocado un cierto acojone en provincias. Pero yo lo veo infundado. Me baso en que los temerosos no han caído en la cuenta de que, desde tiempo inmemorial, los murcianos que viajamos a Madrid en coche, tenemos la perspicacia de dejar el vehículo en Legazpi.

-¡Cobaarrrdes! -que diría Chiquito.