Un Chipola con mucho swing

Sus cuadros de blues y jazz dejan con la boca abierta

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Chipola ha decidido exponer su último experimento (por ahora) a base de papel, colores y mucho swing. Si lo digo así es porque este artista (que resulta ser un rebelde con causa) procura sacar siempre a la luz creaciones que, por su ingeniosa novedad, emboban a quien las contempla.

Lo que se dispone a mostrarnos, desde mañana mismo, en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, es una colección que responde al título de Blues & Jazz. Y si me permito calificarla de acojonante es porque estoy convencido de que lo es. Al menos para mí. Quizás el crítico especializado aporte adjetivos más idóneos. Pero yo soy de los del montón: mero oidor. Uno que pasaba por allí y no tiene otra salida que expresar lo que siente a la pata la llana. Aunque con la rotundidad que requiere lo espectacular de ese manojo de cuadros, en los que el dibujo y el color se enredan literalmente (y también magistralmente).

La temática recrea el concreto mundo de los negros afroamericanos que tocan, cantan y viven su tan particular circunstancia. Para dibujar/pintar como lo hace Chipola (que es un revolucionario de los sentimientos) hay que ser muy atrevido. Alguien que se enfrente al tema sin timideces. Incluso con descaro. Yendo por todas y más, si cabe. Es la manera de que (en la forma) podamos toparnos con una explosión de colores que te deja pasmado. Pues configura negros (y también negras) que se desenvuelven, tampoco diré que en un submundo de esclavitud rememorada, pero que (en el fondo) huelen a odisea.

(Ojo al grupo de seis cantores más la vocalista en medio. Y ella como diciendo: «¡Y yo con estos pelos!», pues componen una reunión de reluciánganos electrizantes. O el negrito que morrea la armónica, apoyado el culo en las maderas de un rústico cercado).

Este Chipola del Blues & y Jazz articula ese puñado de estampas ('los santos', que decíamos los zagales), perfilando minuciosamente los detalles de los bembones y sus perdularios atuendos. Y, sin embargo, la visión de conjunto se te representa desvaída, como si se tratara de cosa soñada, tal que una emersión, diría yo.

¡Joder, véala el lector y luego hablamos!