Caballitos de Mar... Menor

La supervivencia de los 'hippocampus' nos levanta la moral

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

En los últimos tiempos, casi todas las noticias sobre el tan martirizado Mar Menor han sido negativas. Entre personas no necesariamente ecologistas (pero que le profesan cariño al paisaje de la patria provincial) prosperó un desasosiego que finalmente se remansó en decepción hecha rutina. La retirada de las banderas azules entristeció a la opinión pública. Desde que fueron, no ya arriadas, sino retiradas aumentó el escepticismo sobre el futuro de nuestro pequeño mar.

De cuando en cuando, apoyándose en los informes de los especialistas, la clase dirigente trata de levantar los decaídos ánimos. Nos transmiten noticias con vocación de alentadoras, argumentando que el Mar Menor mejora a marchas más o menos forzadas. Las que anteayer eran aguas turbias, ayer pasaron a traslúcidas y hoy se nos muestran ya transparentes. Es lo que vienen a decirnos para hacernos ver que están preocupados (pero también ocupados) por la recuperación de esta singular joya marítima, donde una puesta de sol alimenta al espíritu lo mismo que un buen caldero al estómago.

Circuló días pasados la noticia de que «la retirada de las redes antimedusas que han permanecido durante los meses de verano en el Mar Menor, ha permitido localizar, hasta ahora, un total de sesenta caballitos de mar». Estos animalillos marinos (cuya contemplación encandila y divierte a niños y adultos) no solo están «localizados», sino liberados «y reintroducidos con éxito en su hábitat natural». Ya el año pasado hubo «cosecha» de caballitos. En ambos casos, todos los ejemplares fueron sacados sanos y salvos de las trampas.

No sé si sesenta, cien, ciento cincuenta ejemplares son muchos o pocos. Su mera existencia es ya un síntoma esperanzador. El 'hippocampus', como lo tienen bautizado los científicos, es muy sensible a la temperatura del agua. Hasta el punto de que, si esta es adversa, produce más víctimas que todos los depredadores marinos y humanos juntos. «En China los capturan con fines medicinales y en Indonesia forman parte de un lucrativo comercio», según reza el internet. En el caso de Murcia, los pescadores que se encargan de colocar y recoger la redes contra medusas son quienes, cada año, rescatan (digamos que delicada y meritoriamente) a estos frágiles caballitos que, hoy por hoy, todavía brillan por su presencia.

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