Asómate al baldón y verás qué horror

Disculpe el lector la terminología, pero es la del obispo de Valladolid

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

El obispo de Valladolid considera que «los abusos sexuales a menores por parte de sacerdotes son un baldón que lastra a la Iglesia». Veo justo y necesario que lo reconozca abiertamente. Y ojalá que, como consecuencia, prospere el propósito de no insistir. Dejen quieta la manecica o úsenla en menesteres menos deplorables.

-Y eso del baldón, ¿cómo lo ve usted?

Pues, hombre, la palabra baldón está un tanto periclitada. La veo una antigualla. A mí no me gusta, porque la confundo con el bandoneón, que es un acordeón de naturaleza tanguística. Hay también algún que otro poetastro -esos que lo imitan todo- que escribe: «Volverán las oscuras golondrinas / de tu baldón sus nidos a colgar.

Este monseñor prefiere baldón, cuando (de haberlo querido) podría haber empleado otras expresiones que significan lo mismo. Por ejemplo: oprobio, injuria, afrenta, ofensa, agravio, borrón, degradación, deshonor, deshonra, estigma, mancha, mancilla, ultraje, infamia, atropello, humillación, ignominia, vergüenza, estigma, injuria, insulto...

-¡Pare, pare usted el carro, que ya es bastante!

No, si era por no quedarme corto, a ver si me comprende usted. El obispo ha elegido baldón. Pues bien: santa palabra. No seré yo quien le corrija. Lo cual no quita para que a mí -habiendo otras expresiones similares y menos 'ostentóreas, como dijo aquel ilustre- se me haga cuesta arriba aceptarle el baldón. Pero lo importante no es esto, sino el daño que la pederastia (cuando es de iniciativa clerical) provoca, principalmente en las víctimas, pero también en la iglesia católica. El prelado de Valladolid añade enseguida que el baldón «no es insuperable». Pues qué quiere su ilustrísima que le diga. En esto pasa como en botica: habrá fieles que lo superen y fieles que no. ¿O se refería a la entidad eclesial solamente? Apostar por el 'superable' es mucho apostar.

Comprenderá este eclesiástico que no será fácil evitar que alguien relacione la pederastia capellana con la noticia de que, en los últimos veinte años, los matrimonios católicos han pasado del ochenta al veinte por ciento. ¿Cómo se le queda el cuerpo al obispo de Valladolid? Ya, ya sé que la culpa de esa espantada no será toda del baldón. Pero ayudar, ayuda. ¿O no?