La alábega

Todas las plantas son unidad de destino en lo universal

García Martínez
GARCÍA MARTÍNEZ

Con lo viejo que es uno y, sin embargo, la vida cotidiana trae todavía sorpresas que lo dejan un tanto así. -¿Cómo dice usted que lo dejan?

Pues sin saber para dónde tirar. Es decir, asuntos que parecían resueltos, te enteras de que (a pesar de los siglos transcurridos) no lo están en absoluto. Y no solo eso, sino que han empeorado con el paso del tiempo. Nos acabamos de enterar de que el proceso de extinción de numerosas plantas que verdean este planeta nuestro, más vuela que corre. Estamos perdiendo riqueza vegetal a toda prisa. Como el que se quita avispas del culo.

Llegamos pues a la triste conclusión de que el principal depredador que circula por el mundo es el hombre. Precisamente el beneficiario principal de los bienes que nos aporta la Naturaleza, se ha convertido en su asesino. Quizás no sea algo reciente, sino que viene sucediendo así desde los inicios, si consideramos que lo que se ha destruido es mucho. Se nos anuncia también lo que supongo que es una intuición (y esto sí que es ya para enrojecer de vergüenza). En selvas poco o nada exploradas -porque no son accesibles- están muriendo especies que todavía no se han catalogado. Desaparecerán para siempre antes incluso de conocerlas. ¿No es triste?

Tengo delante de mis ojos (al lado del orgulloso ordenador) una humilde alábega. Vive en una maceta de hojalata medio oxidada. Y luce como ese peinado femenino tipo alboroto que se lleva ahora, teñido de un verde animoso, ni claro, ni oscuro. De poco en poco, siguiendo la costumbre tan antigua, le doy unos cachetes suaves. Con mucho cariño. Por unos instantes, mis manos quedan perfumados. Sigo tecleando y sospecho que las letras agradecen el buen olor que le transmiten los dedos. Repito la operación y creo ver que la planta me sonríe contenta. Como si fuera consciente de estar prestando un buen servicio a la Humanidad.

Leo que, en Murcia, la alábega es una institución. Su nombre oficial ('Ocimum') no queda feo, aunque alábega me gusta más. Cada una en su terreno, todas las matas del Universo son instituciones. Si las dejamos morir, también se morirá el mundo. No digo más.