LO IMPOSIBLE

Francisco J. Moya
FRANCISCO J. MOYA

Lo normal, tras el batacazo de Majadahonda y ante el Extremadura, era pasarse el año en el diván, vivir una temporada de transición y rearmarse de cara a futuros intentos por salir de esta ruinosa Segunda B que -desgraciadamente- tan bien conocemos en esta tierra. Pero no. El Cartagena, como siempre, hizo lo más inesperado. Consiguió lo más difícil. Logró lo imposible. Se repuso del golpe, tumbó registros históricos, maravilló con su juego y, tras una histórica victoria en el Álvarez Claro, dejó al Melilla a diez puntos de distancia. Ver para creer.

Por primera vez en mucho tiempo, la vida -nuestra vida- era maravillosa. Lo imposible era que pasara lo que ha terminado pasando. Que en solo seis semanas todo se derrumbara, que el cosquilleo del ascenso desaparezca en un santiamén y que el 'picorcito' de una posible fiesta en junio se convierta en una repentina melancolía, al imaginarnos un nuevo verano abrasándonos al calor de la Segunda B. Pero ha ocurrido.

Me confesó ayer Manuel Sánchez Breis, quien primero fue compañero de trabajo, luego amigo y finalmente se convirtió en mánager general del Efesé, que al pitar el árbitro el final del partido del domingo en Ibiza apagó la tele y rompió a llorar. Me lo contó en confianza, no para que lo contara. Y supongo que se enfadará al leerlo, aunque él nació periodista y se morirá periodista. Y sabe que en este oficio, a veces, hay que contar incluso las cosas que no deberían contarse.

Y yo necesito contarlo aquí. Porque al confirmarse la derrota en Ibiza, sentí algo parecido. Y me asusté. Ha vuelto el hastío, pensé. Otra vez. ¿Nunca se irá?, me pregunté. El declive es evidente y el peligro de colapso está ahí. Pero el susto ya ha pasado. No quiero tener miedo nunca más. Ya no. Prefiero pensar que lo mejor de este histórico desplome del Efesé es que nada se puede perder cuando todo está ya perdido. El colchón se ha esfumado. Y la situación es crítica. Pero lo mejor que podemos hacer es afrontarla, por una vez, sin temblar. Y pensar en que lo imposible, de nuevo, se puede conseguir.