UNA DE EXTRATERRESTRES

Resulta extraordinario que, al igual que ocurría con los grandes autores del folletín del XIX, la gente habla de 'Juego de Tronos' en los bares, en las esquinas o tomando una caña tras la partida de pádel

Jerónimo Tristante
JERÓNIMO TRISTANTE

Recuerdo cuando empecé a escribir la primera novela de Víctor Ros en el pequeño despacho de mi piso del Infante, sin saber siquiera si esa novela se iba a publicar. Mi idea era crear una serie de novelas detectivescas ambientadas en ciudades emblemáticas del XIX. Era un sueño, pero resultó que tras el éxito de 'El Misterio de la casa Aranda' me encontré con cientos de 'mails' de lectores que me decían que «si había más». Ahí supe que el personaje tendría continuidad y que había conseguido crear, en efecto, una serie sobre un detective decimonónico. Luego vino el asunto de la televisión y Víctor llegó a la pequeña pantalla. Yo, en aquel momento, no terminaba de ser consciente de la importancia de aquello y me di cuenta de ello por una simpleza. Acudí al rodaje de uno de los episodios de la primera temporada. Vi los 2.000 metros cuadrados de estudios, de decorados, de muebles de época, los extras caracterizados de guardias urbanos esperando para hacer un cameo, los actores ensayando entre cuidados de estilitas y la gente de vestuario. Un 'planning' en una pared de coches que iban y volvían de Madrid llevando y trayendo a los actores, horarios complejos de escenas, pantallas aquí y allá, equipo de sonido... Pero de todo esto, lo que más me impactó con diferencia fue el momento del descanso para el almuerzo. Acudimos al comedor donde una empresa servía un catering diario para ¡350 personas! Y ahí sí que mi cabeza hizo crisis. Me quedé parado y fui consciente de la dimensión de aquella movida, de aquel proyecto y pensé: y esto... ¡lo he liado yo!

Los genios. En estos días de polémicas, de rifirrafes sobre el inminente final de 'Juego de Tronos', hay una cosa que quiero decir: George R. R. Martin es un genio. Sé que hay gente que no ha leído las novelas ni visto la serie y que está hasta las pelotas de lo plastas que somos los frikis, pero citaré una frase que mi buen amigo Pedro Martí subió a Twitter: «Odiar las cosas populares no te hace más interesante». Así que invito a aquellos amigos que no saben de qué va esto a leer las excelentes novelas de 'Canción de Hielo y Fuego', y luego ver la excelente serie de HBO. Hay tipos tocados por el halo de la genialidad, Martin es uno de ellos. Tolkien es otro. Ambos crearon obras que, sin ser de una calidad literaria excepcional, han conquistado al gran público y han seducido incluso a muchos académicos, críticos e intelectuales. ¿Por qué? Por su capacidad para generar mundos, personajes, razas e incluso lenguas. Tanto 'El Señor de los Anillos' como 'Juego de Tronos' son dos cosmogonías alumbradas por dos tipos que se salen de lo normal y que son capaces de transportarnos a épocas, lugares pretéritos, paisajes variopintos, conocer nuevos dioses y vivir una realidad que no existe ni existió.

Conversaciones de bar. Resulta extraordinario que, al igual que ocurría con los grandes autores del folletín del XIX, la gente habla de 'Juego de Tronos' en los bares, en las esquinas o tomando una caña tras la partida de pádel. La gente se identifica con los personajes, vive la historia y espera, anhela el temido final como si se tratara de parte de nuestras propias vidas. ¿Cuántos autores han conseguido esto en la historia de la literatura? Ya se lo digo yo, muy pocos. Porque encima, Tolkien, o ahora George R. R. Martin han influido con sus historias en millones de personas. Que se dice pronto. Sí que la han liado. Y aunque muchos no lo digan, esto que parece una 'tontá' de espadas, dragones y pueblos, tiene mucha más miga de lo que parece. Sin hacer ningún 'spoiler', diré que, por ejemplo, la actitud de la 'khaleesi' ante Jon Snow por los recientes sucesos sobre su linaje demuestra lo que es en verdad la política y, hoy día, lo mismo. Los políticos, a la hora de subir, no conocen ni al cura que les dio la catequesis de la primera comunión. Y terminaré con una frivolité mía al recomendarles esta serie de novelas sobre extraterrestres. Porque sí, esto no es Brujería y Espada, no es Fantasía Épica. Son novelas de extraterrestres. Las estaciones están marcadas por la inclinación del eje de giro de la Tierra y por su traslación y posiciones que ocupa alrededor del Sol. En el mundo de 'Juego de Tronos' los inviernos duran años, luego el eje de giro está más tumbado y la velocidad de traslación es muy baja. O sea, ¡que eso no es la Tierra!

Ergo Daenerys, Jon Snow, Sansa, Arya y Cersei son... extraterrestes. Como Martin o Tolkien.