Las dos Españas

Una es la de usted, la mía, la de los pringados que nos levantamos a las seis y media para ir a trabajar... Y luego está la otra, la de esta panda de vividores que están por encima de las reglas

Jerónimo Tristante
JERÓNIMO TRISTANTE

Y no, no me refiero a lo que ustedes están pensando: a las de Machado o el Duelo a garrotazos de Goya. Y sé que ahora se habla del tema, los unos por la exhumación de Franco (un dictador) y los otros con sus referencias a la parte siniestra de las biografías de Carrillo o la Pasionaria (que la tienen). Pero no estoy hablando de esas dos Españas, sino de dos que existen ahora mismo, de verdad, y que podemos constatar en estos días.

¿Recuerdan lo de 'los mataos'? Una de las Españas es la nuestra. La de usted, la mía, la de los pringados que nos levantamos a las seis y media para ir a trabajar. La de los fontaneros, profesores, médicos, autónomos y abogados. Gente de clase baja, gente de clase media o algunos que incluso se ganan sus dinerillos y tienen un buen pasar. Gente que lucha y ha luchado todos los putos días de su vida. Gente que ve, ante el solar que nos dejó la crisis, cómo sus hijos han de irse fuera para tener un futuro. Gente que invierte dinero, ilusiones y esfuerzo en sus hijos, criaturas que tienen por delante un panorama laboral bien jodido. Gente de una España que ve cómo sus criaturas son puteadas por sus profesores universitarios, cómo les exigen hasta el último maldito crédito y que acaban trabajando en una hamburguesería en Londres tras haber terminado la carrera y el máster, luchando por abrirse camino. Esa es una España. La del tío que si comete un error, va a la trena, la del que paga impuestos, la nuestra.

Juegan en otra liga. Y luego está la otra, la de esta panda de vividores que están por encima de las reglas. Que tienen másteres a los que ni asisten, que van a escuelas de negocios donde no pagan, que cobran sueldazos, que no han trabajado en su puta vida, les regalan carreras y no pagan en los restaurantes. Están aforados. Ni la ley les puede tocar. Igual que el caso de las tarjetas 'black' puso en evidencia que el trinque era transversal y no entendía de partidos, el asunto de la ministra Montón ha puesto en evidencia que estos tíos pertenecen a una oligarquía que juega en otra liga. Que el nene me sale medio tonto, se le regala un máster. Que la cría es poco estudiosa, no problema, dos carreras y diputada. Ahora entiendo que cuando hablan, la cagan. Están vacíos, no se han formado. La mayoría de ellos entra en política a los dieciséis años y no por inquietud o lecturas, sino por arraigo y tradición familiar. Y de ahí, hacia arriba, siempre hacia arriba. Y acabamos de ver que este tipo de comportamiento no es exclusivo de los pijeras del PP.

El modelo. Muchos de ellos responden al mismo esquema. Véase el caso de Casado o de miembros preeminentes de nuestro Gobierno regional. Inician estudios en una universidad pública o si es privada, de las de prestigio. Como son más flojos que Rajoy jugando al rugby, a los dos años están en la puta calle y sin haber aprobado ni el recreo. Entonces se les envía a una privada de las de dudoso prestigio o una pública de estas, tipo Rey Juan Carlos, y se le regala la carrera, el máster, la tesis y un curso de peluquería. Con dos cojones. Y la formación es importante. Esta es la razón de que Casado ( supuesto licenciado en Derecho) diga unas gilipolleces sobre el 155 y el Senado que son impensables en un abogado, o que López Miras creyera que la muy laboriosa ciudad de Mánchester se llamaba en realidad Manchester United. Es por esto que Teodoro García o López Miras se han convertido en un filón para el 'Intermedio', que gracias a ellos encuentran contenidos para partirse el culo mientras que nuestros dirigentes dejan la imagen de Murcia y los murcianos por los suelos día sí y día también como protagonistas indiscutibles de un espacio satírico. Lo de la ministra ha sido demoledor y, ojo, detrás debe de ir Casado que, por cierto, recuerdo que no está imputado ahora mismo porque es aforado. Sobre el asunto de Pedro Sánchez, les diré que su actitud al no querer que la gente viera su tesis es muy sospechosa. Huele a trabajito de encargo al becario de turno y, de ser así, será grave y deberá seguir el camino de Casado. Estos tíos sobran, y mucho.

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