Diario de escritura (IV)

Proyecto 'Sombras'./Tatiana Abellán
Proyecto 'Sombras'. / Tatiana Abellán
Miguel Ángel Hernández
MIGUEL ÁNGEL HERNÁNDEZ

Lunes 13 de mayo

Penúltimo episodio de 'Juego de Tronos'. Lo ves en cuanto te despiertas para evitar 'spoilers'. En esta temporada los personajes actúan antes de que se culmine su arco de transformación. Percibes en todo momento que falta algo de desarrollo y que los giros argumentales son demasiado súbitos.

En el dentista te toman las medidas para las prótesis definitivas. Después, te arreglas la barba y llegas con el tiempo justo a una entrevista en la universidad. Conversas con Mónica sobre 'Aquí y ahora' y sientes que, aunque no seas tan preciso cuando hablas como cuando escribes, lo que dices es mucho más fluido y espontáneo.

Por la tarde, chat 'online' con un club de lectura de la Comunidad de Madrid. Dos horas de estrés, respondiendo preguntas una detrás de otra. Acabas sin fuerzas, contestas algunos 'mails' y no tardas en acostarte.

Martes 14 de mayo

Antes de desayunar, piscina. El año anterior conseguiste hacerlo durante unos meses. Levantarte temprano, tomar un café mirando los periódicos en internet y salir para la piscina. Cuarenta y cinco minutos de natación y, luego, el día por delante. Quisieras recuperar esa rutina.

Después, reunión de departamento. Burocracia kafkiana. Se habla de cosas que no entiendes. Tu cerebro está sintonizado en otra emisora. Tampoco se sintoniza demasiado en las tutorías posteriores, cuando habláis del formato de los TFG. Si algún día tuvieras responsabilidades académicas, sería lo primero que propondrías, eliminar ese trabajo absurdo que no sirve a nadie y hace perder el tiempo a todos.

Tertulia en la radio, comida rápida y, sin tiempo para nada, entrevista en la televisión. Te sientes extraño y fuera de lugar. No logras decir lo que quieres decir. Luego, en el coche, se te ocurren todas las gracias. 'L'esprit de l'escalier'. Lo que te habría gustado decir, siempre tarde, a destiempo.

Te cambias y asistes a la inauguración de la exposición de Soledad Sevilla en Art Nueve. Mapas afectivos de Lisboa. Reflexiones sobre el viaje. Pessoa. Piezas comedidas y elegantes. Sutiles, como toda la obra de esta artista.

Habías pensado quedarte, pero la espalda comienza a dolerte y regresas a casa antes de tiempo. En la confitería del pueblo, compras un palo catalán de chocolate. Solo por ver la mirada de Raquel merece la pena.

Miércoles 15 de mayo

Te levantas temprano para escribir el diario. Todos los miércoles por la mañana rememoras la semana anterior. Días de memoria y escritura.

Por la tarde, inauguración de Soledad Sevilla en la Capilla del Rectorado de la Universidad. Una pirámide suspendida, el mapa de las estrellas flotando en medio de la capilla. Parece una nave espacial. De hecho, enseguida te recuerda a una serie que veías de niño. 'Chocky', una inteligencia extraterrestre que posee a un niño británico durante los años ochenta. Al llegar a casa, buscas en YouTube las imágenes de aquella serie y la música de los créditos te conduce directamente a la infancia. Un viaje en el tiempo en el que también regresan los miedos y las pesadillas. Porque 'Chocky' -ahora lo sabes- comenzó a configurar ese imaginario esotérico del que aún no has logrado desprenderte.

Jueves 16 de mayo

En clase hablas del arte conceptual. Te detienes en la obra de On Kawara y en sus reflexiones sobre la temporalidad. Sus postales y sus telegramas son modos de dejar constancia de la existencia. Instantes del aquí y ahora. Es lo único que tenemos. Lo que ahora mismo está sucediendo. Esto es el presente: las palabras que escribes en este preciso momento. La frase anterior -esta misma después del punto- ya es pasado. Aunque la escritura hace que el tiempo reverbere. Como una huella en la arena. Eso es el lenguaje escrito: el eco de algo que ya está en otro lugar.

A media tarde, charla de Sergio del Molino en el Cendeac. La conferencia coincide con un concierto de flamenco en el patio y en todo momento se escucha un fondo de guitarras y zapateado. Sergio logra sobreponerse con profesionalidad.

Tras la cena, gin-tónic en El Bosque Animado con Miguel y Javier. Al sentaros, le dices a Sergio que, en el restaurante de al lado, hace unos años surgió tu libro, cuando después de contarle tu historia, él te dijo: «Ahí tienes una novela». Le comentas eso y, a partir de ese momento, la noche se transforma en literatura. Al regresar a casa, vuelves a ser el personaje de una novela que no encuentra el modo de acabar.

Viernes 17 de mayo

Última clase del curso. Acabas con la obra de Marina Abramovic y Ulay, el encuentro en la gran Muralla, 'The Lovers', y también el reencuentro en 'The Artist is Present'. No puedes evitar conmoverte cada vez que ves esa escena. Y tampoco puedes evitar pensar en el privilegio que supuso conocerlos en Murcia. Contar chistes con Marina en Cabo de Palos o pasear con Ulay por Calblanque. Algún día escribirás sobre aquel tiempo mágico.

Por la tarde, presentación de 'Aquí y ahora' en el Hemiciclo de Letras. Los amigos te rodean y sigues sintiéndote privilegiado y afortunado. Leo propone que leas fragmentos del diario y elige algunos en el límite del esperpento. Justo un año antes, presentaste ahí tu novela. Fue un momento intenso y las lágrimas acabaron aflorando. En esta ocasión el llanto llega a través de la risa. No cesas de reírte durante toda la presentación. El público tampoco. Necesitabas esa catarsis. El humor cicatriza las heridas. La risa como válvula de escape. Sientes que algo ha comenzado a cerrarse.

Después, en El Sur, la risa continúa. Y el barril de cerveza no se acaba nunca. No te cabe ya nada más en el cuerpo, pero decides continuar. Es la noche del aquí y ahora. Mañana será otro día.

Sábado 18 de mayo

Resaca en el tren hacia Valencia mientras ves el final de 'The Big Bang Theory'. Las lágrimas que sobraron ayer regresan y tienes que secártelas.

En el festival Valencia Negra, conversación pública con Víctor del Árbol. No lo has leído, pero lo que cuenta te interesa y te prometes leer su último libro. La charla es distendida y, a pesar de la resaca, te encuentras lúcido. Lo notas cuando, tras el acto, firmas muchos más libros de los que habías imaginado firmar. «Lo has vendido bien, nen», te dice alguien.

Después del acto, cena y gin-tónics. Con Santiago hablas sobre plumas y programas de escritura. Es tan friki como tú. Te sientes a gusto entre escritores. Te duermes con la sonrisa dibujada en el rostro.

Domingo 19 de mayo

Mañana de firmas y conversaciones con autores a los que solo conocías por fotos. Ahora formas parte de ese mundo.

El festival acaba con un arroz en la Malvarrosa. Amistad y buen ambiente en torno a los libros. Quisieras volver todos los años.

Regresas en el tren con el virus de la escritura bullendo en las venas. Tal vez eso es lo que más te seduce de encontrarte con escritores, observar cómo revive el deseo de escribir. La pasión contagiosa de la literatura.

Abres el cuaderno negro y apuntas algunas ideas sobre la novela por venir. Apenas dos frases. Muy poco. Y, sin embargo, intuyes que pronto no podrás evitar sentarte frente a la pantalla y olvidarte del mundo. Mientras ese momento llega, este diario es tu metadona.