QUE SOIS UNOS CERDOS

El peligroso comportamiento de la expresidenta del Parlament Núria de Gispert repugna e inquieta

Fotografía: Pepe H. Tipografía: Nacho Rodríguez /
Fotografía: Pepe H. Tipografía: Nacho Rodríguez
Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Hola, una señora hay dando mucho por saco, llamada Núria de Gispert, que tiene ya una edad de la que no se espera que se dedique a comportarse, con tanto ahínco y fiereza, como una grosera maleducada, con el objetivo nada edificante de contribuir, poniendo de su parte todo lo que esté en su puño de acero y en su boca de rayo, a no pacificar en absoluto los ánimos, ni en Cataluña, ni mucho menos en el resto de España. No es tonta para nada doña Núria de Gispert, abogada de profesión, independentista a ultranza y siempre dispuesta a enseñar las uñas a cualquiera que no comulgue con sus férreas ideas, y no precisamente con la intención de mostrar que las lleva recién pintadas con los colores patrios de la 'estelada'. No es una catalana cualquiera esta doña tan desabrida, que tuvo el honor, inmerecido como ella se empeña en dejar palpablemente claro, de ser la presidenta del Parlament entre 2000 y 2005.

Aficionada a tratar con desprecio a sus adversarios políticos, a los que ya les digo yo que no creo que les felicite las Pascuas enviándoles polvorones recién hechos en su dulce hogar, es sobre todo con las mujeres con las que suele comportarse como una poseída, y no digo una palabra más fuerte por seguir en esta línea de contención frente al insulto, que obviamente es lo que te pide el cuerpo en cuanto te descuidas un pelo de la coronilla, que es hasta donde nos tienen ya tantos políticos que, más que de modo irresponsable, directamente se comportan de modo muy peligroso, incendiario.

Coincidiendo con que el actual presidente Quim Torra de la Generalitat ha tenido la desgraciada idea de concederle a la doña la Creu de Sant Jordi «en agradecimiento por la tarea realizada como decimotercera presidenta del Parlament de Catalunya», la señora Núria de Gispert se ve que no ha encontrado mejor modo de celebrarlo, y de dar las gracias públicamente, que escribiendo uno de esos tuits tan suyos con los que, por lo visto, se lo pasa bomba echando leña a mansalva al fuego del enfrentamiento, la división, el rencor, el odio y la cólera. Una anciana maravillosa, sí. En el citado tuit, ilustrado con la imagen de lo que viene siendo un cerdo, o sea un cerdo, rematada con la 'firma' de la Asociación Catalana de Productores de Porcino (Porcat), la expresidenta laureada escribió: «Girauta, a Toledo; Arrimadas, a Madrid; Millo, a Andalucía; Dolors Montserrat, a la UE. Cataluña aumenta sus exportaciones». Conmovedoras palabras, constructivas, poéticas, amorosas, delicadas, apostando por un mejor futuro, afianzando la convivencia pacífica, haciendo amigos la doña. Lógicamente, estalló la tormenta; lógicamente, se ha pedido con toda sensatez que lo de la Creu de Sant Jordi pase a mejor vida y quede en agua de borrajas, por razones que se caen por su propio peso; lógicamente, es indignante la señora.

Pero, digámoslo de inmediato, como rectificar es de sabios, la doña no lo ha hecho, sino que se ha amparado en las típicas disculpas de mal pagador. Escúchenla con atención en su intento por pedir un perdón en el que no cree: «Cuando uno hace un tuit o un retuit es un impulso muy rápido. No me di cuenta, se lo crean o no, del tema de las exportaciones y de los cerdos». Por supuesto, doña Núria de Gispert, porque es verdad que a usted, santa mujer, no le gusta insultar [casi] con asco a sus semejantes, piensen como piensen y se apelliden como se apelliden.

Lo de referirse a sus oponentes, o sea a miles y miles de ciudadanos, como cerdos, es especialmente sangrante, y alarmante hasta removérsete el estómago, por el uso que del calificativo de cerdos aplicados a seres humanos, con consecuencias terribles, se ha hecho en determinados momentos de la Historia que no deberíamos olvidar. Pues sí, eso es, era el modo preferido de los nazis para referirse a los judíos, de los que nada menos que seis millones fueron asesinados a manos de estos bestias muy bien aseados. Las palabras alemanas 'judensau' -cerda judía- y 'judenschwein' -cerdo judío- reflejan muy bien ese afán por deshumanizarlos, paso previo para exterminarlos sin remordimientos; total, se trataba de animales, de cerdos, de sanguijuelas.

En 1935, la propaganda difamatoria aumentó en Alemania y las leyes prohibieron contactos sexuales entre judíos y los otros alemanes. Desde que lo vi en una fotografía, no puedo olvidarme de este cartel que colgaron del cuello de una joven: «Soy la cerda más grande y solo me lío con judíos».

Es más, ¿acaso no se ha enterado la doña de que una mayoría de españoles han derrotado en las urnas los discursos extremistas, infantiloides e histéricos sobre la cuestión territorial, que amenazaban con alimentar una nueva trifulca constitucional no solo en su querida Cataluña, que es tan nuestra como de ella, sino también en comunidades como la vasca y en el resto de territorios del Estado?

¿Es que no está dispuesta a tomarse un respiro, a perderse unos días en La Gomera o a dejarnos a todos en paz? ¿Es que su fobia a España, tan país suyo como nuestro, no le va a permitir jamás un momento de duda, de reflexión, de cordura? ¿Es que no va a cesar esta señora, tan finísima ella y tan de buena posición y dividendos, en su nulamente exquisita afición a arrojar basura por la boca?