Breaking Bad

El reto de Miras será formar un Gobierno que inspire confianza y gestione, sin sobresaltos, una cohabitación con Cs que no será sencilla. Los murcianos esperan un ejecutivo que resuelva sus problemas, no que sea el mayor de ellos

Alberto Aguirre de Cárcer
ALBERTO AGUIRRE DE CÁRCER

La imagen de una 'fumata blanca' empezó a circular por los whatsapp de los principales dirigentes del PP a las 20.30 horas del jueves. Apenas había pasado una hora desde que comenzó la rueda de prensa convocada de urgencia por Luis Gestoso, el negociador de Vox, renunciando a la revisión de la ley LGTBI para facilitar el acuerdo de investidura del popular López Miras. Aunque ni PP ni Ciudadanos iban a pronunciarse hasta la mañana siguiente en la Asamblea Regional, ya en la noche del jueves todos los actores implicados sabían que el acuerdo tripartito de investidura quedaba desbloqueado. Solo una declaración imprudente por dirigentes de una de las partes podría (puede) malograr un pacto que ni siquiera tiene ya que firmarse de forma protocolaria para darle validez. Tal y como está la política española todo es posible de aquí a la votación en Pleno, el próximo viernes, pero a día de hoy, como dijimos hace una semana en esta página, este asunto ya huele a cerrado.

Vox prolongó la negociación porque su firmeza le reportaba réditos entre los suyos, como reflejó la encuesta de Sigma Dos para 'La Verdad', mientras desgastaba a populares y sobre todo a Ciudadanos, que está pagando caro hacerse con medio gobierno regional por su alianza de facto con el PP y especialmente con Vox. Sin embargo, entre los bisoños diputados regionales del partido de Abascal empezaba a cundir el nerviosismo por las posibles consecuencias de mantener abiertas las conversaciones para la investidura hasta la segunda quincena de agosto. Por momentos, Luis Gestoso, como un sosias del protagonista de la serie 'Breaking Bad' («Yo soy el peligro»), llevó la negociación a esos accidentados terrenos que más le convenían a Vox, aunque finalmente encontró la vía de ceder y al mismo tiempo ganar: eliminando la revisión jurídica de la ley LGTBI, pero manteniendo varios puntos polémicos (que sea obligatoria la autorización expresa de los padres para asistir a las charlas de educación afectivo-sexual, que se auditen todas las subvenciones concedidas, incluidas las recibidas por los colectivos LGTBI, y el compromiso a desarrollar «programas de prevención de cualquier tipo de violencia intrafamiliar»). «Ni bloqueo ni desbloqueo. Entendimiento razonable entre diferentes. Y enhorabuena a @LuisGestoso», tuiteó Santiago Abascal una vez conocido el visto bueno de PP y Ciudadanos a la propuesta de Vox. Fernando López Miras no tardó mucho en agradecer el apoyo recibido y no se anduvo con disimulos, quizá porque así estaba pactado: «Mi compromiso con @Vox_Murcia hará que la Región de Murcia siga avanzando y progresando en libertad».

En los cuarteles generales de Madrid, a los tres partidos les interesaba poner fin a la incertidumbre política en la Región de Murcia y de Madrid, antes de que mañana empiece en el Congreso de los Diputados el intento de investidura de Pedro Sánchez. A Ciudadanos, para no continuar desangrándose en apoyos públicos que podrían ser muy necesarios si finalmente hubiese elecciones generales en noviembre. Y al PP, para que Pablo Casado pueda convocar antes de agosto la Junta Directiva Nacional y acudir allí, reforzado con los Gobiernos de la Región de Murcia y la Comunidad de Madrid ya cerrados, y nombrar portavoz parlamentaria a, la interna y externamente discutida, Cayetana Álvarez de Toledo.

Por mucho que se feliciten las tres partes implicadas, la negociación en la Región de Murcia ha dejado no pocos pelos en la gatera. No ha llegado al extremo esperpéntico de La Rioja, donde la única diputada de Podemos, asesorada por compañeros de partido venidos de algún lugar de La Mancha, exigía al PSOE nada menos que tres de ocho consejerías por su apoyo. Aquí la disputa ha sido más ideológica que de sillones, porque el PP, de entrada, ya le dio a Ciudadanos todos cuanto pidió sin oponer resistencia. Como Logroño y Toledo, Murcia no es Borgen y en esto de la negociación por el poder a nuestros políticos se les ve pronto cuándo van de farol y cuán anchas pueden ser sus tragaderas.

Ahora en la Región de Murcia se abre una nueva etapa, completamente inédita, con el primer gobierno de coalición de nuestra democracia. La fórmula PSOE-Cs habría proporcionado teóricamente una mayor estabilidad a la gobernanza dado que no haría falta el apoyo de terceros, como sucederá con el Ejecutivo de PP y Cs, que se verá obligado a pactar con Vox cada año la aprobación de los Presupuestos y el resto de leyes que pasen por la Asamblea Regional. De ahí que el principal desafío de Fernando López Miras será formar un gobierno que inspire confianza y gestione, sin continuos sobresaltos, su cohabitación con Ciudadanos. No parece cosa fácil: López Miras aún no ha sido investido presidente y sus socios de gobierno ya le están ninguneando abiertamente. Todo apunta a que vamos a dos Ejecutivos en uno, cada uno actuando a su aire. Si las turbulencias de los últimos dos meses se convierten en la tónica general, tanto populares como naranjas lo pagarán caro en las urnas. Los murcianos esperan que su Gobierno resuelva sus problemas, no que se convierta en el mayor de ellos.